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07.03.07

Habeas Corpus por Fidel

Por Pablo Alfonso

Los diccionarios de materia legal definen el término de habeas corpus como el derecho o procedimiento de un detenido o acusado de ser presentado ante un tribunal. La frase en latín requiere la presencia del cuerpo, de la persona.

Utilizo esa expresión como metáfora, en el caso del dictador Fidel Castro, a quienes no vemos “en vivo y en directo” desde el 26 de julio del 2006, un día de una intervención quirúrgica convertida en secreto de Estado, y que desde entonces, lo mantiene ausente de la vida pública.

Claro que, como todos sabemos, Castro se ha hecho notar a través de cartas, videos pregrabados y conversaciones telefónicas. Pero de su presencia física, real, nada. Por eso, creo que debemos intervenir en su favor, solicitando un habeas corpus para Fidel.

Su hermano, el general Raúl Castro, sucesor designado provisionalmente, asegura que Fidel se recupera lenta pero positivamente de su prolongada convalecencia. Desde esa punta de la pirámide del poder en Cuba, los demás funcionarios aseguran lo mismo.

La prensa estatal, por supuesto, no investiga nada, no dice nada; se limita a publicar lo que le ordenan, que es casi nada.

A pesar de que el dictador cubano tiene –según afirman– un teléfono a su lado y se le consulta sobre las decisiones de gobierno importante, Castro no le habla ni le escribe directamente a los cubanos.

No levanta tampoco el teléfono para llamar a las emisoras de radio o la televisión nacional.

Utiliza para su “constancia de vida” mensajes que envía al presidente de Venezuela, Hugo Chávez; fotos y videos de reuniones privadas con él.

Por qué necesita Castro de intermediario a Chávez para dirigirse a los cubanos?

Todavía eso es un misterio. Sus múltiples interpretaciones pueden ser sólo hipótesis.

Una de ellas, por ejemplo, es que el dictador no quiere ofrecerle esa “dignidad de poder” a ninguno de sus subalternos. Una manera de impedir que se confunda al mensajero subalterno, como un elegido de su preferencia.

Por qué no utiliza entonces a su hermano, el general Raúl Castro, que ya ocupa el cargo de modo provisional y es el sucesor elegido?

Quizás porque el general Castro quedaría demasiado en ridículo escuchando las frases, sin importancia ni contenido, que ha empleado el enfermo con el mandatario venezolano.

Y claro está, el general Castro necesita mucho prestigio para gobernar al país y controlar las intrigas palaciegas que se tejen en las estructuras de la dictadura, para cuando llegue el momento del funeral

Se imaginan ustedes a Castro, prodigando elogios al general Castro como esta serie que le endilgó a Chávez durante su última conversación telefónica.: “Gran Predicador”, “Defensor de la especie humana”, “Hombre de memoria privilegiada, capacidad de síntesis y oído musical”.

“Al fin y al cabo tú vas a pasar entre los grandes escritores de este hemisferio”, le dijo Castro a Chávez.

Lo peor es que Chávez se lo creyó a juzgar por la solemnidad con que escuchó sus palabras.

Por lo pronto, mientras en La Habana todo el mundo –desde el presidente de la Asamblea Nacional,Ricardo Alarcón, hasta el cantautor, Silvio Rodríguez–  asegura que Castro mejora notoriamente y podría retornar en cualquier momento a su cargo, en Washington hay opiniones muy diferentes.

Así lo hizo saber, sin rodeos, el jefe de los servicios estadounidenses

de inteligencia, Mike Mc.Conell. “Este año marcará el fin del largo dominio ejercido en Cuba por Fidel Castro”, afirmó durante una audiencia ante el Comité de Servicios Armados del Senado.

“Tras la muerte de Fidel Castro, es de esperar cambios significativos y positivos en Cuba”, añadió rotundo McConell.

Imagino que esas afirmaciones hagan pensar a más de uno, en el entorno castrista, que las cosas no son tan color de rosa como las pinta la propaganda de la dictadura cubana.

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