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28.06.03

EL DILEMA DE NICANOR

La solución de los graves problemas del país está ahora en manos de Nicanor Duarte Frutos, presidente electo de Paraguay, para el periodo 2003-08. ¿Logrará sacar al país del pozo? Algunos sostienen que el Partido Colorado, en el gobierno desde 1947, no puede traer el cambio. Otros piensan que es el único que puede lograrlo. No es fácil saber. El discurso electoral no sirve de mucho. Es preciso conocer cuáles serán sus políticas económicas. El nuevo gobernante es joven, sus antecedentes son buenos y parece dispuesto a forzar el cambio. No obstante, preocupan sus ideas estatistas.
Por Porfirio Cristaldo Ayala

La solución de los graves problemas del país está ahora en manos de Nicanor Duarte Frutos, presidente electo de Paraguay, para el periodo 2003-08. ¿Logrará sacar al país del pozo? Algunos sostienen que el Partido Colorado, en el gobierno desde 1947, no puede traer el cambio. Otros piensan que es el único que puede lograrlo. No es fácil saber. El discurso electoral no sirve de mucho. Es preciso conocer cuáles serán sus políticas económicas. El nuevo gobernante es joven, sus antecedentes son buenos y parece dispuesto a forzar el cambio. No obstante, preocupan sus ideas estatistas.

Las causas fundamentales del atraso del país en la era democrática están relacionadas a las políticas estatistas de los gobiernos y a la deshonestidad e ineptitud de los políticos. Por eso, los gobernantes que desean ver salir al país de la pobreza y penuria, deben apostar inevitablemente al cambio integral de la política actual, por que si ésta no se renueva y si los burócratas que la han aplicado no son desplazados, el país seguirá cayendo en el vacío, llevando a la desgracia a millones de personas.

Duarte Frutos tendrá que imponer de inmediato la austeridad fiscal, la transparencia administrativa y la disciplina monetaria. Es la única forma de controlar el déficit, la inflación y corrupción. El nuevo gobernante precisará de gran firmeza y coraje para ordenar duras e impopulares medidas de austeridad como el congelamiento de salarios y jubilaciones del sector público, la drástica reducción del gasto estatal y el procesamiento de los funcionarios deshonestos, y enfrentar las presiones de los funcionarios públicos y los sectores prebendarios. ¿Tendrá la fortaleza y el valor necesarios?

El nuevo gobierno deberá negociar pronto la firma de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la banca multilateral para el pago de la deuda pública. Tendrá que convencer a sus interlocutores que podrá conseguir el equilibrio presupuestario y un fuerte superávit fiscal mediante el recorte del gasto público y una recaudación más efectiva, sin necesidad de recurrir al aumento de los impuestos, como suele recetar el FMI. La economía, arruinada por años de recesión y una pesada carga de corrupción, no soportará un aumento de los tributos. ¿Tendrá Duarte la maestría para negociar estos acuerdos?
Las reformas institucionales que precisa el país para salir del pozo demandarán gran habilidad por parte del nuevo presidente. El paro de la producción y el comercio y la falta de empleos son las cuestiones más apremiantes. El nuevo gobierno tendrá que liberalizar la economía e instaurar cuanto antes las instituciones que promuevan la inversión y faciliten la creación de puestos de trabajo. La flexibilización de las leyes laborales, por ejemplo, es fundamental para incentivar el empleo. Pero, ¿aceptará Duarte el riesgo político de hacer frente a los sindicatos y grupos de presión?

El nuevo gobierno deberá realizar el achicamiento del Estado, la desregulación y la apertura a la competencia de los sectores monopólicos (agua, luz y teléfonos) y la privatización y capitalización de las empresas estatales. Para estimular el ahorro, la producción y el comercio, deberá privatizar la seguridad social, pues sin ella no habrá forma de crear el ahorro nacional de largo plazo, bajar el costo del dinero y disponer de créditos para la industria. Ello exigirá, no sólo el apoyo político de su partido, sino una sólida alianza del Partido Colorado con otros partidos que le asegure al gobierno la mayoría en el Congreso. ¿Aceptará Duarte ceder espacios de poder para afianzar la gobernabilidad?

El Paraguay precisa una profunda transformación moral, política y productiva. Pero el cambio vendrá únicamente de la mano de políticos y técnicos no comprometidos con los grupos de poder. Es difícil creer que los favorecidos con la política de abusos y malversaciones puedan hacer las reformas y restaurar la honestidad y el esmero en el manejo de la cosa pública. Para cambiar el mercantilismo imperante y conducir al país a la prosperidad, Nicanor Duarte Frutos deberá elegir a sus colaboradores, no entre sus más fieles partidarios, sino entre personas capaces y de respetada solvencia moral.

El dilema de Nicanor es urgir las reformas en defensa de la libertad económica y en contra de la maquinaria de su propio partido y de poderosos intereses corporativos, como lo está haciendo Lula en Brasil, o amoldarse a las tradicionales estructuras de privilegio y caciquismo que llevaron al país a la pobreza y desdicha.