28.11.06¿Quién es Rafael Correa?
Por Rogelio Núñez
Fuente: Infolatam
http://www.infolatam.com/analisis.php?id=1785
Economista formado en Bélgica y Estados Unidos, en su día cuestionó la dolarización (que ahora asegura que mantendrá): "Fue una insensatez entrar, pero es casi una insensatez igual salir, al menos en las condiciones actuales" ha asegurado recientemente. Este decano de la Facultad de Economía de la privada Universidad San Francisco de Quito, siempre fue un crítico del actual esquema de pago de la deuda y un defensor de la reorientación del pago de la deuda hacia proyectos sociales.
Su nombramiento en abril de 2005 como Ministro de Economía no gustó al sector empresarial. Pues si bien es un economista con estudios en Illinois, que realizó consultorías en el PNUD, JBCI y Banco de del Japón, siempre se le situó como cercano al movimiento indígena Pachakutik. Nada más dejar el gobierno por sus enfrentamientos con el presidente Alfredo Palacio, se transformó en el líder de los grupos antisistema, los llamados en Ecuador, “forajidos”, aquellos que lideraron las protestas en 2005 contra el ex presidente Lucio Gutiérrez, y cuyo único propósito era llevar a cabo el famoso “que se vayan todos”.
Como Ministro de Economía durante cuatro meses, en 2005, mostró uno de sus principales defectos: carece de prudencia, es muy dado a la confrontación con el adversario y a buscar “chivos expiatorios”. Como Ministro, sus bestias negras fueron el FMI y la banca, ahora en la campaña han sido los “políticos” y la “partidocracia”, y si llega a presidente seguro que su odio se centrará en los que opinen diferente a él.
Pero, ¿en dónde reside el secreto del éxito de Rafael Correa? En primer lugar, ha sabido rodearse de un equipo que ha logrado crear una propaganda muy original e innovadora. En segundo lugar, Correa se ha mostrado como un hombre de gran carisma, algo que ya se pudo observar durante su breve paso por el Ministerio de Economía.
Y en tercer lugar, como buen prototipo de candidato outsider, o extrasistema, ha encontrado una buena bandera de enganche para galvanizar al electorado: ha sabido situar como cabeza de turco a la clase política ecuatoriana (muy deslegitimada tras décadas de controlar los resortes del poder). Es decir, ha basado su campaña en decir lo que el electorado desea oír, apelando a la visceralidad, creado un enemigo útil, funcional a sus intereses.
Así, con un mensaje sencillo, maniqueo y muy popular, ha culpado de todos los males del país a la “partidocracia” y a los políticos. No es un caso único, al revés, es la eterna cantinela de los demagogos y populistas, cuyo último ejemplo es Hugo Chávez, quien maneja un discurso que, parafraseando al propio Chávez, no huele a azufre, sino a naftalina. Su propuesta para acabar con todos los males es asimismo simplista: convocar una Asamblea Constituyente. La Constituyente se convierte de esta manera en una panacea.
Correa, radicalmente nacionalista antiyanqui (se opone a firmar el TLC con Estados Unidos), no sólo se ha mostrado reiteradamente cercano a Hugo Chávez sino que imita estilo y sus formas así como su tono al expresarse, como cuando afirmó que "calificar de diablo a Bush era insultar al diablo". Además, imbuido de la retórica sesentaiochista se niega a calificar de terrorista a las FARC.
Pese a no ser indígena, ni haber logrado pactar con el movimiento indígena, tiene buena llegada con ellos: conoce el quechua y el haber estado en contacto con las comunidades indígenas tras graduarse con los salesianos le otorga entre este sector cierta legitimidad. De hecho, los indígenas de la zona donde actuó como cooperante le conocen como "ñuca huaqui" (nuestro hermano).
En definitiva, si resulta elegido, ¿cómo será de Correa como Presidente?
Su nacionalismo le lleva a soñar con convertirse en un nuevo Simón Bolívar, en este caso, contra el “imperio yanqui” y la influencia de los organismos internacionales (es partidario de imitar a Argentina y declarar una moratoria en el pago de su deuda externa), y las multinacionales.
En realidad, dado su carácter (autoritario e imprudente), sus apoyos (los sectores antisistema y la izquierda en Ecuador y el chavismo en el exterior), la carencia de un programa estructurado (su único punto claro es la convocatoria de una Constituyente), y la falta de respaldo institucional (sin duda chocará con el Congreso y buscará clausurarlo como ya ha asegurado. Dominado el legislativo por su odiada “partidocracia” y sin representación ya que la coalición que le apoya, la Alianza PAÍS, no presenta candidatos carecerá de apoyos), todo ello indica que lo más probable es que Correa se convierta en un nuevo Abdalá Bucaram, un nuevo Jamil Mahuad o un nuevo Lucio Gutiérrez.
Es decir, que como estos tres antecesores, Correa difícilmente termine su periodo presidencial. Ecuador, de esta forma, seguirá sumido en la crisis institucional y expulsando a sus mejores mentes y la población con más iniciativa hacia el exterior. Ecuador seguirá siendo el “enfermo de América latina”.
Fuente: Infolatam, Madrid, 8 de octubre 2006
Fuente: Infolatam
http://www.infolatam.com/analisis.php?id=1785
Economista formado en Bélgica y Estados Unidos, en su día cuestionó la dolarización (que ahora asegura que mantendrá): "Fue una insensatez entrar, pero es casi una insensatez igual salir, al menos en las condiciones actuales" ha asegurado recientemente. Este decano de la Facultad de Economía de la privada Universidad San Francisco de Quito, siempre fue un crítico del actual esquema de pago de la deuda y un defensor de la reorientación del pago de la deuda hacia proyectos sociales.
Su nombramiento en abril de 2005 como Ministro de Economía no gustó al sector empresarial. Pues si bien es un economista con estudios en Illinois, que realizó consultorías en el PNUD, JBCI y Banco de del Japón, siempre se le situó como cercano al movimiento indígena Pachakutik. Nada más dejar el gobierno por sus enfrentamientos con el presidente Alfredo Palacio, se transformó en el líder de los grupos antisistema, los llamados en Ecuador, “forajidos”, aquellos que lideraron las protestas en 2005 contra el ex presidente Lucio Gutiérrez, y cuyo único propósito era llevar a cabo el famoso “que se vayan todos”.
Como Ministro de Economía durante cuatro meses, en 2005, mostró uno de sus principales defectos: carece de prudencia, es muy dado a la confrontación con el adversario y a buscar “chivos expiatorios”. Como Ministro, sus bestias negras fueron el FMI y la banca, ahora en la campaña han sido los “políticos” y la “partidocracia”, y si llega a presidente seguro que su odio se centrará en los que opinen diferente a él.
Pero, ¿en dónde reside el secreto del éxito de Rafael Correa? En primer lugar, ha sabido rodearse de un equipo que ha logrado crear una propaganda muy original e innovadora. En segundo lugar, Correa se ha mostrado como un hombre de gran carisma, algo que ya se pudo observar durante su breve paso por el Ministerio de Economía.
Y en tercer lugar, como buen prototipo de candidato outsider, o extrasistema, ha encontrado una buena bandera de enganche para galvanizar al electorado: ha sabido situar como cabeza de turco a la clase política ecuatoriana (muy deslegitimada tras décadas de controlar los resortes del poder). Es decir, ha basado su campaña en decir lo que el electorado desea oír, apelando a la visceralidad, creado un enemigo útil, funcional a sus intereses.
Así, con un mensaje sencillo, maniqueo y muy popular, ha culpado de todos los males del país a la “partidocracia” y a los políticos. No es un caso único, al revés, es la eterna cantinela de los demagogos y populistas, cuyo último ejemplo es Hugo Chávez, quien maneja un discurso que, parafraseando al propio Chávez, no huele a azufre, sino a naftalina. Su propuesta para acabar con todos los males es asimismo simplista: convocar una Asamblea Constituyente. La Constituyente se convierte de esta manera en una panacea.
Correa, radicalmente nacionalista antiyanqui (se opone a firmar el TLC con Estados Unidos), no sólo se ha mostrado reiteradamente cercano a Hugo Chávez sino que imita estilo y sus formas así como su tono al expresarse, como cuando afirmó que "calificar de diablo a Bush era insultar al diablo". Además, imbuido de la retórica sesentaiochista se niega a calificar de terrorista a las FARC.
Pese a no ser indígena, ni haber logrado pactar con el movimiento indígena, tiene buena llegada con ellos: conoce el quechua y el haber estado en contacto con las comunidades indígenas tras graduarse con los salesianos le otorga entre este sector cierta legitimidad. De hecho, los indígenas de la zona donde actuó como cooperante le conocen como "ñuca huaqui" (nuestro hermano).
En definitiva, si resulta elegido, ¿cómo será de Correa como Presidente?
Su nacionalismo le lleva a soñar con convertirse en un nuevo Simón Bolívar, en este caso, contra el “imperio yanqui” y la influencia de los organismos internacionales (es partidario de imitar a Argentina y declarar una moratoria en el pago de su deuda externa), y las multinacionales.
En realidad, dado su carácter (autoritario e imprudente), sus apoyos (los sectores antisistema y la izquierda en Ecuador y el chavismo en el exterior), la carencia de un programa estructurado (su único punto claro es la convocatoria de una Constituyente), y la falta de respaldo institucional (sin duda chocará con el Congreso y buscará clausurarlo como ya ha asegurado. Dominado el legislativo por su odiada “partidocracia” y sin representación ya que la coalición que le apoya, la Alianza PAÍS, no presenta candidatos carecerá de apoyos), todo ello indica que lo más probable es que Correa se convierta en un nuevo Abdalá Bucaram, un nuevo Jamil Mahuad o un nuevo Lucio Gutiérrez.
Es decir, que como estos tres antecesores, Correa difícilmente termine su periodo presidencial. Ecuador, de esta forma, seguirá sumido en la crisis institucional y expulsando a sus mejores mentes y la población con más iniciativa hacia el exterior. Ecuador seguirá siendo el “enfermo de América latina”.
Fuente: Infolatam, Madrid, 8 de octubre 2006
