10.11.06Las dos opciones
Por Susan Kaufman Purcell
La influencia y el poder del presidente Hugo Chávez en América Latina parecen haber llegado a su tope. El momento crucial para esto fue no haber ganado el apetecido sillón latinoamericano en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), después de una larga y costosa campaña por conseguir este objetivo. Su falta de éxito fue precedida por el rechazo de los candidatos que había apoyado públicamente en las elecciones presidenciales de México, Perú y Ecuador. Al mismo tiempo, el precio del petróleo ha declinado precipitadamente en cerca de un 20% durante las últimas semanas. Al menos un análisis estima que una caída a US$ 47 o menos por barril podría crear problemas económicos y políticos para Chávez dentro de Venezuela y hacer considerablemente más difícil para él continuar con su revolución “bolivariana” en casa y los alrededores.
Una causa menos analizada pero igual de importante en la disminución del poder e influencia de Chávez ha sido la deteriorada salud de Fidel Castro. Irónicamente, al principio la enfermedad de Fidel fue considerada como un golpe de suerte para Chávez. Mientras los incrementos del precio del petróleo le daban más influencia a Chávez, Castro estaba obligado a ceder su posición como el líder revolucionario más importante de América Latina a su joven protegido de Venezuela.
Ahora parece, sin embargo, que los talentos de Fidel como estratega fueron un componente crucial en los tempranos éxitos políticos de Chávez. Brian Latell, Senior Research Associate del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami y autor del libro After Fidel: The Inside Story of Castro’s Regime and Cuba’s Next Leader, argumenta en un nuevo documento que Fidel jugó un rol clave en el vuelco del golpe contra el gobierno de Chávez en 2002. Además, destaca que el cambio en la suerte del venezolano tanto en la ONU como en las recientes elecciones en América Latina coincide con el período de la enfermedad de Fidel, lo que le impidió a Chávez consultar “eficientemente sobre las tácticas con su aliado Castro”. Latell también cree que Raúl Castro no tiene las habilidades estratégicas de Fidel y, por lo tanto, será poco útil para Chávez en esta área, aun si quisiera ayudarlo, lo cual no está del todo claro.
Las dificultades de Chávez, sin embargo, no implican que los nuevos presidentes democráticos de América Latina vayan a tener un fácil período de gobierno. Incluso con un debilitado Chávez enfrentarán desafíos significativos de gobernabilidad. Ninguno tiene la mayoría absoluta en el Congreso. Esto significa que deberán construir coaliciones ad hoc para aprobar las legislaciones necesarias. Y esto implica negociar para llegar a acuerdos. Pero lograr esto va a ser difícil entre políticos que tienen prioridades e intereses muy diferentes. Como demostraron los resultados de las elecciones, la mitad de la población quiere un cambio radical en políticas que consideran fracasadas, mientras la otra mitad apoya las políticas fiscales y económicas que han traído estabilidad financiera y predictibilidad para las economías.
Agravando estos problemas aparece la declinante competitividad global de América Latina, que requiere la implementación de reformas económicas y políticas adicionales que no serán fáciles de conseguir. Además, nuevas tecnologías de comunicación, como internet y los teléfonos celulares, han hecho relativamente fácil la movilización rápida de masas insatisfechas para presionar o hacer caer a los gobiernos elegidos democráticamente.
Hay, sin embargo, un lado positivo para las polarizadas y cerradas elecciones que hemos presenciado recientemente en América Latina. Grandes sectores de la población ahora entienden cuán cerca están de perder muchos de los logros conseguidos con mucho trabajo en los años recientes. Por otro lado, se dan cuenta de que el tiempo corre en contra a la hora de resolver problemas de pobreza, desempleo e injusticia. Aunque los candidatos más radicales, autoritarios y populistas han sido poco apoyados en las elecciones de la región, ellos u otros volverán sin duda a ofrecer soluciones radicales si se logra poco durante los próximos años.
Las democracias latinoamericanas están en una importante coyuntura. Sus líderes políticos y económicos tienen dos opciones básicas: pueden sentarse al lado de sus diferencias para alcanzar los acuerdos necesarios para implementar las reformas políticas, económicas y sociales, o pueden rehusarse a trabajar juntos y correr el riesgo de que todo en lo que han logrado sea destruido por líderes radicales y autoritarios con visiones muy diferentes para el futuro de sus países.
Susan Kaufman Purcell es Directora del Centro de Política Hemisférica de la Universidad de Miami.
Originalmente publicado en AméricaEconomía, 10 de noviembre, 2006.
La influencia y el poder del presidente Hugo Chávez en América Latina parecen haber llegado a su tope. El momento crucial para esto fue no haber ganado el apetecido sillón latinoamericano en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), después de una larga y costosa campaña por conseguir este objetivo. Su falta de éxito fue precedida por el rechazo de los candidatos que había apoyado públicamente en las elecciones presidenciales de México, Perú y Ecuador. Al mismo tiempo, el precio del petróleo ha declinado precipitadamente en cerca de un 20% durante las últimas semanas. Al menos un análisis estima que una caída a US$ 47 o menos por barril podría crear problemas económicos y políticos para Chávez dentro de Venezuela y hacer considerablemente más difícil para él continuar con su revolución “bolivariana” en casa y los alrededores.
Una causa menos analizada pero igual de importante en la disminución del poder e influencia de Chávez ha sido la deteriorada salud de Fidel Castro. Irónicamente, al principio la enfermedad de Fidel fue considerada como un golpe de suerte para Chávez. Mientras los incrementos del precio del petróleo le daban más influencia a Chávez, Castro estaba obligado a ceder su posición como el líder revolucionario más importante de América Latina a su joven protegido de Venezuela.
Ahora parece, sin embargo, que los talentos de Fidel como estratega fueron un componente crucial en los tempranos éxitos políticos de Chávez. Brian Latell, Senior Research Associate del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami y autor del libro After Fidel: The Inside Story of Castro’s Regime and Cuba’s Next Leader, argumenta en un nuevo documento que Fidel jugó un rol clave en el vuelco del golpe contra el gobierno de Chávez en 2002. Además, destaca que el cambio en la suerte del venezolano tanto en la ONU como en las recientes elecciones en América Latina coincide con el período de la enfermedad de Fidel, lo que le impidió a Chávez consultar “eficientemente sobre las tácticas con su aliado Castro”. Latell también cree que Raúl Castro no tiene las habilidades estratégicas de Fidel y, por lo tanto, será poco útil para Chávez en esta área, aun si quisiera ayudarlo, lo cual no está del todo claro.
Las dificultades de Chávez, sin embargo, no implican que los nuevos presidentes democráticos de América Latina vayan a tener un fácil período de gobierno. Incluso con un debilitado Chávez enfrentarán desafíos significativos de gobernabilidad. Ninguno tiene la mayoría absoluta en el Congreso. Esto significa que deberán construir coaliciones ad hoc para aprobar las legislaciones necesarias. Y esto implica negociar para llegar a acuerdos. Pero lograr esto va a ser difícil entre políticos que tienen prioridades e intereses muy diferentes. Como demostraron los resultados de las elecciones, la mitad de la población quiere un cambio radical en políticas que consideran fracasadas, mientras la otra mitad apoya las políticas fiscales y económicas que han traído estabilidad financiera y predictibilidad para las economías.
Agravando estos problemas aparece la declinante competitividad global de América Latina, que requiere la implementación de reformas económicas y políticas adicionales que no serán fáciles de conseguir. Además, nuevas tecnologías de comunicación, como internet y los teléfonos celulares, han hecho relativamente fácil la movilización rápida de masas insatisfechas para presionar o hacer caer a los gobiernos elegidos democráticamente.
Hay, sin embargo, un lado positivo para las polarizadas y cerradas elecciones que hemos presenciado recientemente en América Latina. Grandes sectores de la población ahora entienden cuán cerca están de perder muchos de los logros conseguidos con mucho trabajo en los años recientes. Por otro lado, se dan cuenta de que el tiempo corre en contra a la hora de resolver problemas de pobreza, desempleo e injusticia. Aunque los candidatos más radicales, autoritarios y populistas han sido poco apoyados en las elecciones de la región, ellos u otros volverán sin duda a ofrecer soluciones radicales si se logra poco durante los próximos años.
Las democracias latinoamericanas están en una importante coyuntura. Sus líderes políticos y económicos tienen dos opciones básicas: pueden sentarse al lado de sus diferencias para alcanzar los acuerdos necesarios para implementar las reformas políticas, económicas y sociales, o pueden rehusarse a trabajar juntos y correr el riesgo de que todo en lo que han logrado sea destruido por líderes radicales y autoritarios con visiones muy diferentes para el futuro de sus países.
Susan Kaufman Purcell es Directora del Centro de Política Hemisférica de la Universidad de Miami.
Originalmente publicado en AméricaEconomía, 10 de noviembre, 2006.
