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22.11.06

Ortega y el continuismo del caudillismo clientelar en Nicaragua

Por Rogelio Núñez

Fuente: Infolatam
http://www.infolatam.com/analisis.php?id=2161

El futuro gobierno de Daniel Ortega no tendrá nada que ver con la experiencia sandinista de los años 80, ni será una adaptación del chavismo en el país centroamericano. Se tratará de algo más simple y más conocido: Ortega será el máximo defensor del régimen vigente, caudillista y clientelar, construido en los años 90 por Arnoldo Alemán y el propio Ortega.

Lo que estuvo en juego en las pasadas elecciones presidenciales de Nicaragua no fue el dilema que actualmente divide en la región entre chavismo o antichavismo (o izquierda moderada frente a izquierda reformista).

Lo que realmente estaba en juego era la construcción o no de régimen democrático alejado del caudillismo y el clientelismo que ha dominado en este país desde que el presidente Arnoldo Alemán y el futuro presidente Daniel Ortega firmaron el pacto de 1998, gracias al cual ambos dirigentes se repartieron influencias dentro del aparato estatal. Además, una de las cláusulas permitía que un candidato con más del 35% de los votos pudiera ser elegido presidente si contaba con cinco puntos de ventaja sobre el segundo, lo cual al final le permitió a Ortega alcanzar la presidencia. Desde entonces, la administarción de justicia y todos los ámbitos del gobierno nacional están enfeudados y responden a criterios políticos antes a los de una sana administración.

Dos candidatos, uno de la derecha, el liberal disidenteEduardo Montealegro, y otro de izquerdas, Edmundo Jarquín-disidente a su vez del sandinismo, encarnaban los deseos de acabar con el clientelismo y el caudillaje. Daniel Ortega y José Rizo, apoyado éste por Arnoldo Alemán, representaban la continuidad del pacto y el continuismo del sistema prebendario y clientelar. La victoria de Ortega supone así la imposibilidad de terminar con el caciquismo institucionalizado en Nicaragua.

Ni Ortega, ni el mundo, es el de los años 80. Sin duda el nuevo presidente será fiel amigo de Hugo Chávez pero sus afanes totalitarios, su autoritarismo y su afán de expansión ideológica no regresarán, al menos con la fuerza que tuvo en los 80. Verbalmente será antiimperialista, pero estas declaraciones no tendrán muchos efectos prácticos en su relación con Estados Unidos, cuyo interés, hoy en día, por Centroamérica dista mucho de parecerse al de hace dos décadas.

En lo que no cambiará Ortega es en considerar al Estado nicaragüense como patrimonio personal. Gracias a la "piñata" del 89-90 (cuando los sandinistas se repartieron entre ellos los bienes expropiados a los somocistas convirtiéndose así en prósperos empresarios) y al pacto con Alemán en el 98, Ortega, como bien demuestran las cifras electorales, cuenta con una masa fiel de partidarios vinculados a él por favores y prebendas.

Ésa es su clientela, y como buen cacique, su primer cometido será protegerles del peligro de que sus bienes, oscuramente obtenidos, corran peligro. El segundo será que el sandinismo no pierda las cuotas de poder e influencia que ostenta sobre el Estado, al cual mantiene virtualmente secuestrado, al menos al cincuenta por ciento.
 
Fuente: www.infolatam.com
Madrid, 21 de noviembre de 2006