03.11.06Chávez: Un mal representante para América Latina
Por Susan Kaufman Purcell
La enfermedad de Fidel Castro no sólo ha desencadenado la transición política en Cuba. También ha permitido a Hugo Chávez tomar su posición como líder revolucionario de América Latina. Los analistas han hecho notar que ésta es una noticia particularmente negativa para Estados Unidos. Pero se ha destacado mucho menos que también es una mala noticia para América Latina.
La región ha hecho progresos significativos en los últimos 15 años. Sus procesos electorales son más transparentes y menos propensos al fraude. La inflación ha sido reducida y la flotación de las monedas ha estabilizado las economías. Los acuerdos de libre comercio han aumentado las exportaciones y atraído inversión extranjera y tecnología. Las tecnologías de información son incorporadas a la vida de cada vez más latinoamericanos. Aunque queda mucho por hacer, particularmente en términos de reducción de la pobreza, aumento de oportunidades y movilidad social, las bases para que el éxito continúe están establecidas.
Es lamentable que justo ahora un joven y carismático caudillo latinoamericano haya aparecido en la escena a retrasar el momentum de transformación económica y política de la región. Al contrario de su predecesor Fidel Castro, Hugo Chávez está bañado en ganancias de petróleo y no depende de otro país para financiar sus ambiciones.
Su primer objetivo es socavar la influencia de Estados Unidos en la región, lo que involucra su oposición a los acuerdos de libre comercio en los que EE.UU. es socio. Sin embargo, creó un bloque alternativo, hasta ahora con países ricos en recursos energéticos, como Bolivia, o receptores de su generosidad, como Cuba. Dado que ninguno de sus miembros está implementando políticas que los conduzcan al desarollo, la estrategia de Chávez no es una alternativa viable para la región.
Otra de las prioridades de Chávez es socavar los gobiernos democráticos cercanos a Estados Unidos. En su lista está el gobierno de Álvaro Uribe en Colombia y el entrante gobierno de Felipe Calderón en México. También ha hecho esfuerzos por destruir el liderazgo de Brasil en la región. Alentó al gobierno de Evo Morales en Bolivia para que nacionalizara dos refinerías brasileñas y realizara otras acciones que humillaran y debilitaran a Brasil. Está incitando a Morales para que siga usando los procesos democráticos para destruir la democracia. Sus consejos para Morales están destruyendo la economía boliviana y aumentando su dependencia de Venezuela.
Otras políticas de Chávez en contra de los intereses de América Latina incluyen una acumulación de armas sin precedentes, que está provocando otra carrera armamentista en la región, así como su apoyo a los grupos guerrilleros en Colombia. Su bienvenida a los esfuerzos de Andrés Manuel López Obrador para socavar “pacíficamente” las instituciones políticas de México, y su respaldo a los líderes populistas autoritarios de cualquier lugar tampoco ayudan. Aunque Chávez diga que hace todo para ayudar a los pobres, el efecto es polarizar la región con divisiones sociales y raciales, espantar la necesaria inversión extranjera y hacer difícil a los gobiernos democráticos gobernar.
América Latina no ha hecho esfuerzos para impedir que Chávez implemente su agenda, quizá por miedo a las represalias, dependencia de su generosidad o un sentimiento de desamparo. O quizá el fuerte sentimiento antiestadounidense en la región esté alcanzando prioridad sobre otros asuntos. Cualquiera sea la razón, América Latina tiene poco que ganar y mucho que perder si Chávez se transforma en la encarnación de las esperanzas y aspiraciones de la región en el siglo XXI.
Susan Kaufman Purcell es Directora del Centro de Política Hemisférica de la Universidad de Miami.
Este arículo es una versión recortada del originalmente publicado en AméricaEconomía el 19 de octubre, 2006.
La enfermedad de Fidel Castro no sólo ha desencadenado la transición política en Cuba. También ha permitido a Hugo Chávez tomar su posición como líder revolucionario de América Latina. Los analistas han hecho notar que ésta es una noticia particularmente negativa para Estados Unidos. Pero se ha destacado mucho menos que también es una mala noticia para América Latina.
La región ha hecho progresos significativos en los últimos 15 años. Sus procesos electorales son más transparentes y menos propensos al fraude. La inflación ha sido reducida y la flotación de las monedas ha estabilizado las economías. Los acuerdos de libre comercio han aumentado las exportaciones y atraído inversión extranjera y tecnología. Las tecnologías de información son incorporadas a la vida de cada vez más latinoamericanos. Aunque queda mucho por hacer, particularmente en términos de reducción de la pobreza, aumento de oportunidades y movilidad social, las bases para que el éxito continúe están establecidas.
Es lamentable que justo ahora un joven y carismático caudillo latinoamericano haya aparecido en la escena a retrasar el momentum de transformación económica y política de la región. Al contrario de su predecesor Fidel Castro, Hugo Chávez está bañado en ganancias de petróleo y no depende de otro país para financiar sus ambiciones.
Su primer objetivo es socavar la influencia de Estados Unidos en la región, lo que involucra su oposición a los acuerdos de libre comercio en los que EE.UU. es socio. Sin embargo, creó un bloque alternativo, hasta ahora con países ricos en recursos energéticos, como Bolivia, o receptores de su generosidad, como Cuba. Dado que ninguno de sus miembros está implementando políticas que los conduzcan al desarollo, la estrategia de Chávez no es una alternativa viable para la región.
Otra de las prioridades de Chávez es socavar los gobiernos democráticos cercanos a Estados Unidos. En su lista está el gobierno de Álvaro Uribe en Colombia y el entrante gobierno de Felipe Calderón en México. También ha hecho esfuerzos por destruir el liderazgo de Brasil en la región. Alentó al gobierno de Evo Morales en Bolivia para que nacionalizara dos refinerías brasileñas y realizara otras acciones que humillaran y debilitaran a Brasil. Está incitando a Morales para que siga usando los procesos democráticos para destruir la democracia. Sus consejos para Morales están destruyendo la economía boliviana y aumentando su dependencia de Venezuela.
Otras políticas de Chávez en contra de los intereses de América Latina incluyen una acumulación de armas sin precedentes, que está provocando otra carrera armamentista en la región, así como su apoyo a los grupos guerrilleros en Colombia. Su bienvenida a los esfuerzos de Andrés Manuel López Obrador para socavar “pacíficamente” las instituciones políticas de México, y su respaldo a los líderes populistas autoritarios de cualquier lugar tampoco ayudan. Aunque Chávez diga que hace todo para ayudar a los pobres, el efecto es polarizar la región con divisiones sociales y raciales, espantar la necesaria inversión extranjera y hacer difícil a los gobiernos democráticos gobernar.
América Latina no ha hecho esfuerzos para impedir que Chávez implemente su agenda, quizá por miedo a las represalias, dependencia de su generosidad o un sentimiento de desamparo. O quizá el fuerte sentimiento antiestadounidense en la región esté alcanzando prioridad sobre otros asuntos. Cualquiera sea la razón, América Latina tiene poco que ganar y mucho que perder si Chávez se transforma en la encarnación de las esperanzas y aspiraciones de la región en el siglo XXI.
Susan Kaufman Purcell es Directora del Centro de Política Hemisférica de la Universidad de Miami.
Este arículo es una versión recortada del originalmente publicado en AméricaEconomía el 19 de octubre, 2006.
