Informes

01.10.05

Libertad Económica y Transparencia en América Latina

 

RESUMEN EJECUTIVO

  • Chile encabeza el Ranking 2005 de Libertad Económica y Transparencia en América Latina con un puntaje de 8,16, seguido por Uruguay con 6,32 y Costa Rica con 5,97. Argentina aparece en el puesto 16, con un puntaje de 3,34, superando solamente a Honduras (3,10), Ecuador (2,76), Guatemala (2,63), Cuba (2,56), Paraguay (2,08), Venezuela (1,86) y Haití (0,82). Por su parte, México (4,78) y Brasil (4,70) ocupan los puestos 9 y 10, respectivamente.
  • Para intentar medir ambas variables es necesario incorporar a los índices de Heritage Foundation y Transparency Internacional indicadores adicionales que reflejen las condiciones institucionales relevantes para que se consolide la apertura y se limite la corrupción. Estos índices adicionales relevantes son el de “Estado de Derecho” y el de “Eficacia Gubernamental”, ambos elaborados por el Banco Mundial.
  • Desde la lógica inherente al MERCOSUR, pasando por el Pacto Andino y la Comunidad Sudamericana de Naciones hasta llegar al realismo mágico del ALBA, los procesos de integración en la región privilegian las asociaciones con países con igual o peor tradición de respeto al Estado de Derecho. Así, mientras el puntaje de México ha pasado de 4,78 como país a 8,25 como integrante del NAFTA, Uruguay ha pasado de un puntaje de 6,32 como país a un puntaje de 4,36 como parte del MERCOSUR. Es que la asociación de Uruguay con Brasil y Argentina supone en cambio una negociación asimétrica con dos burocracias ineficientes y poco transparentes.
  • Países relativamente pequeños, pobres y con un determinado grado de transparencia, debieran buscar asociarse con otros países que puedan aportarle mayor dimensión económica y mayor calidad institucional.
  • Ante un proceso de negociación asimétrico, las naciones con mayor peso específico impondrán las
    condiciones económicas e institucionales del nuevo marco. La mera integración económica es sólo una parte, tal vez menor, de todo proceso de integración. Para que la libertad económica se consolide, es necesario establecer arreglos institucionales con socios de mayor calidad y previsibilidad. América Latina camina, literalmente, en la dirección contraria al progreso.
  • Cuando suceden procesos de integración donde el actor mayor posee una alta calidad institucional (por ejemplo, Estados Unidos-Canadá versus México, Europa de los 15 versus los nuevos 10) y determina el futuro arreglo institucional, genera en el actor menor los incentivos necesarios para que se pueda producir una coalición política doméstica que acepte e imponga buenas reformas institucionales.
  • En cambio, cuando los actores mayores poseen una pobre calidad institucional (como por ejemplo, Brasil y Argentina), actores menores como Uruguay se verán involucrados en un proceso de integración en el que la clase política no tendrá incentivos para aceptar sanas reformas, ya que la sociedad civil no percibirá el ingreso a ese nuevo ámbito como una oportunidad para mejorar y alcanzar el alto desarrollo institucional del actor mayor.

Pedro Isern Munné es Director del Área Economía y Estado de Derecho del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL). Anteriormente, fue presidente en el 2004 y vicepresidente en el 2003 del Concejo de Administración de CADAL. Colaboró en la redacción de los libros “Mitos del milenio. El fin del trabajo y los nuevos profetas del Apocalipsis”, de Mauricio Rojas (CADAL/Timbro, 2004) y “La Experiencia Chilena. Consensos para el desarrollo” (CADAL, 2005). En 1997 trabajó como Fellow para Asuntos Latinoamericanos en Atlas Economic Research Foundation en Fairfax, Virginia, USA. Es Master en Filosofía Política (London School of Economics and Political Science), Master en Economía y Ciencia Política (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas) y Licenciado en Ciencia Política (Universidad de San Andrés).