EL DEFAULT DE TABARE
Uruguay sí tiene dinero. Lo que sucede es que ese dinero lo malgasta y lo derrocha pagándole el sueldo a miles de empleados públicos que nadie necesita; pagando la nafta a un dólar el litro o las llamadas telefónicas más caras del continente. En eso se nos va la plata y en eso se nos va la vida.
Por Guillermo Sicardi
Si están buscando responsables de que Uruguay entre o no en default, las miradas deberían dirigirse en primer lugar hacia el Dr. Tabaré Vázquez y el Frente Amplio. Entrar en default significa no tener dinero para hacer frente a nuestras deudas y por lo tanto deshonrar nuestros compromisos.
Pero Uruguay sí tiene dinero. Lo que sucede es que ese dinero lo malgasta y lo derrocha pagándole el sueldo a miles de empleados públicos que nadie necesita; pagando la nafta a un dólar el litro o las llamadas telefónicas más caras del continente. En eso se nos va la plata y en eso se nos va la vida.
Y este derroche que hace Uruguay con el dinero que pide prestado y con el que le quita “manu militari” a sus súbditos, no es por seguir las directivas o las “recetas” del FMI, sino que es por ceder a las presiones del Frente Amplio.
Si Uruguay no puede pagar sus deudas es porque el Dr. Tabaré Vázquez y el Frente Amplio apoyaron una reforma constitucional que aumenta automáticamente las jubilaciones de 600.000 personas, sin importar si hay recursos genuinos para semejante generosidad. Pero como no existen tales recursos dentro del país, salimos a pedirlos prestados al exterior, generamos una enorme deuda “externa” y luego levantamos pancartas para no pagarla y nos quejamos si nos exigen su cumplimiento.
Esta iniciativa amparada por Tabaré llevó al país a generar un déficit de 800 millones de dólares cada año a partir de tal plebiscito. No fue con el esfuerzo y el ahorro de los trabajadores uruguayos que se financió tal beneficio a los jubilados, sino con el esfuerzo y el ahorro de trabajadores de otros países que confiaron, a través de sus bancos, sus asesores y los organismos internacionales, de invertir y prestarle al Uruguay.
No es el neoliberalismo lo que nos impide cumplir nuestros compromisos. Es la política socialista y estatista que este Gobierno se ve obligado a aplicar por ceder ante las presiones corporativas de la izquierda y sus sindicatos, más preocupados en defender sus cotos de caza que el interés general de los uruguayos.
Así, Uruguay destina sus dineros a darle aumentos del 17% a los empleados públicos del Palacio Legislativo, tal vez los empleados más innecesarios entre los innecesarios, y si no alcanzan los billetes actuales en circulación, no hay problema en sacar “la maquinita” y generar más inflación. De hecho el propio Tabaré ha sostenido que Uruguay puede convivir con una inflación del 70% anual.
Uruguay tiene dinero. Pero lo gasta en mantener los privilegios de 9000 empleados del Municipio de Montevideo (y en otras 18 comarcas), gastándose cerca del 90% de lo recaudado en sueldos y gastos de mantenimiento y destinando sólo un 10% en inversiones que mejoren la calidad de vida de los vecinos. El lema de la Intendencia capitalina es “Multar y Recaudar”, bien lejos del “Servir y Proteger” que anima a otras administraciones en otras partes del mundo.
Uruguay tiene dinero. Y podría tener más y más capacidad para crearlo si se fomentara la inversión, si se liberaran los mercados y si se diera una total y férrea defensa a los derechos individuales y a la propiedad privada. Pero en lugar de apostar a la libertad, Tabaré y el Frente Amplio apuestan al corporativismo, al colectivismo, a defender al Estado frente a los ciudadanos, a defender los monopolios frente a la competencia, a defender a los empleados públicos frente a los trabajadores privados.
Cuando juntan firmas por el “camino largo” que evita modernizar una vetusta ANCAP y abaratar el precio de los combustibles, nos acercan al default. Cuando se oponen a que ANTEL compita con otras empresas y bajen las tarifas telefónicas y las familias puedan disponer de más recursos para afrontar sus verdaderas prioridades, nos acercan al default. Cuando proponen refinanciar deudas de deudores crónicos, cuando se oponen a achicar el costo del Estado, cuando rechazan la inversión extranjera y cuando aplauden a nuestros vecinos argentinos cuando ellos no cumplen sus compromisos, también nos acercan al default.
¿Y qué responsabilidad le cabe al Gobierno de coalición en todo esto? Le cabe la responsabilidad de no haber aplicado la política de apertura económica que tanto había prometido, de haber cedido a las presiones corporativas, de no haberle explicado claramente a la población cual era el destino final que nos esperaba por aplicar las políticas del Frente Amplio en un Gobierno que quería ser liberal y se abandonó en el intento.
Pero Tabaré tiene la solución al default. El va a pedirle el dinero necesario a sus amigos y colegas ideológicos en Brasil, en la India y en la China, como ya lo anunciara el año pasado. ¡ Éstos países sí que querrán prestarle dinero al Presidente Tabaré Vázquez.!
Imagino el siguiente diálogo entre el Presidente Vázquez y el Primer Ministro Chino:
“Sr. Primer Ministro: ahora que en Uruguay rige un Gobierno Progresista, vemos con mucho interés que Ustedes inviertan en Uruguay, así podemos devolver los dineros imperialistas que una vez recibimos y cambiarlos por vuestros fondos solidarios”
El Primer Ministro Chino lo mira y le dice: “Usted Presidente Vázquez se confunde. Nosotros somos CHINOS, los kamikazes son los Japoneses”.
Si están buscando responsables de que Uruguay entre o no en default, las miradas deberían dirigirse en primer lugar hacia el Dr. Tabaré Vázquez y el Frente Amplio. Entrar en default significa no tener dinero para hacer frente a nuestras deudas y por lo tanto deshonrar nuestros compromisos.
Pero Uruguay sí tiene dinero. Lo que sucede es que ese dinero lo malgasta y lo derrocha pagándole el sueldo a miles de empleados públicos que nadie necesita; pagando la nafta a un dólar el litro o las llamadas telefónicas más caras del continente. En eso se nos va la plata y en eso se nos va la vida.
Y este derroche que hace Uruguay con el dinero que pide prestado y con el que le quita “manu militari” a sus súbditos, no es por seguir las directivas o las “recetas” del FMI, sino que es por ceder a las presiones del Frente Amplio.
Si Uruguay no puede pagar sus deudas es porque el Dr. Tabaré Vázquez y el Frente Amplio apoyaron una reforma constitucional que aumenta automáticamente las jubilaciones de 600.000 personas, sin importar si hay recursos genuinos para semejante generosidad. Pero como no existen tales recursos dentro del país, salimos a pedirlos prestados al exterior, generamos una enorme deuda “externa” y luego levantamos pancartas para no pagarla y nos quejamos si nos exigen su cumplimiento.
Esta iniciativa amparada por Tabaré llevó al país a generar un déficit de 800 millones de dólares cada año a partir de tal plebiscito. No fue con el esfuerzo y el ahorro de los trabajadores uruguayos que se financió tal beneficio a los jubilados, sino con el esfuerzo y el ahorro de trabajadores de otros países que confiaron, a través de sus bancos, sus asesores y los organismos internacionales, de invertir y prestarle al Uruguay.
No es el neoliberalismo lo que nos impide cumplir nuestros compromisos. Es la política socialista y estatista que este Gobierno se ve obligado a aplicar por ceder ante las presiones corporativas de la izquierda y sus sindicatos, más preocupados en defender sus cotos de caza que el interés general de los uruguayos.
Así, Uruguay destina sus dineros a darle aumentos del 17% a los empleados públicos del Palacio Legislativo, tal vez los empleados más innecesarios entre los innecesarios, y si no alcanzan los billetes actuales en circulación, no hay problema en sacar “la maquinita” y generar más inflación. De hecho el propio Tabaré ha sostenido que Uruguay puede convivir con una inflación del 70% anual.
Uruguay tiene dinero. Pero lo gasta en mantener los privilegios de 9000 empleados del Municipio de Montevideo (y en otras 18 comarcas), gastándose cerca del 90% de lo recaudado en sueldos y gastos de mantenimiento y destinando sólo un 10% en inversiones que mejoren la calidad de vida de los vecinos. El lema de la Intendencia capitalina es “Multar y Recaudar”, bien lejos del “Servir y Proteger” que anima a otras administraciones en otras partes del mundo.
Uruguay tiene dinero. Y podría tener más y más capacidad para crearlo si se fomentara la inversión, si se liberaran los mercados y si se diera una total y férrea defensa a los derechos individuales y a la propiedad privada. Pero en lugar de apostar a la libertad, Tabaré y el Frente Amplio apuestan al corporativismo, al colectivismo, a defender al Estado frente a los ciudadanos, a defender los monopolios frente a la competencia, a defender a los empleados públicos frente a los trabajadores privados.
Cuando juntan firmas por el “camino largo” que evita modernizar una vetusta ANCAP y abaratar el precio de los combustibles, nos acercan al default. Cuando se oponen a que ANTEL compita con otras empresas y bajen las tarifas telefónicas y las familias puedan disponer de más recursos para afrontar sus verdaderas prioridades, nos acercan al default. Cuando proponen refinanciar deudas de deudores crónicos, cuando se oponen a achicar el costo del Estado, cuando rechazan la inversión extranjera y cuando aplauden a nuestros vecinos argentinos cuando ellos no cumplen sus compromisos, también nos acercan al default.
¿Y qué responsabilidad le cabe al Gobierno de coalición en todo esto? Le cabe la responsabilidad de no haber aplicado la política de apertura económica que tanto había prometido, de haber cedido a las presiones corporativas, de no haberle explicado claramente a la población cual era el destino final que nos esperaba por aplicar las políticas del Frente Amplio en un Gobierno que quería ser liberal y se abandonó en el intento.
Pero Tabaré tiene la solución al default. El va a pedirle el dinero necesario a sus amigos y colegas ideológicos en Brasil, en la India y en la China, como ya lo anunciara el año pasado. ¡ Éstos países sí que querrán prestarle dinero al Presidente Tabaré Vázquez.!
Imagino el siguiente diálogo entre el Presidente Vázquez y el Primer Ministro Chino:
“Sr. Primer Ministro: ahora que en Uruguay rige un Gobierno Progresista, vemos con mucho interés que Ustedes inviertan en Uruguay, así podemos devolver los dineros imperialistas que una vez recibimos y cambiarlos por vuestros fondos solidarios”
El Primer Ministro Chino lo mira y le dice: “Usted Presidente Vázquez se confunde. Nosotros somos CHINOS, los kamikazes son los Japoneses”.
