01.04.03LO QUE FOX NO PUDO VER
El gobierno del Presidente Fox, en resumidas cuentas, no ha sido del todo malo. Logró alcanzar la estabilidad macroeconómica y sistemáticamente, ha saneado las finanzas públicas. La agenda con respecto al crecimiento económico ha quedado pendiente como resultado de la recesión que vive nuestro mayor socio comercial.
Por David Martínez Amador
El gobierno del Presidente Fox, en resumidas cuentas, no ha sido del todo malo. Logró alcanzar la estabilidad macroeconómica y sistemáticamente, ha saneado las finanzas públicas. La agenda con respecto al crecimiento económico ha quedado pendiente como resultado de la recesión que vive nuestro mayor socio comercial. Sin embargo, nuestro sistema inmunológico económico esta cada vez más listo para soportar la segura infección que padecerán los Estados Unidos con el bestial déficit fiscal que esta guerra les signifique, pues aunque han recortado impuestos los niveles de gasto siguen siendo altos. En materia de atención al campo, se ha creado conciencia en cuanto a que no importa cuanto dinero se invierta, México debe de revolucionar su estructura productiva, además de evitar que la ayuda estatal se pierda en los canales burocráticos. Las reformas de fondo, en materia laboral y del sector energético son apoyadas por la mayor parte de ciudadanos, quienes sufren a diario los resultados del sindicalismo, la corrupción y el burocratismo.
En mi opinión, la administración del Presidente Fox tiene dos mancuernas de acción para lograr consolidar su agenda de gobierno: 1) Apostarle al sentimiento popular en las siguientes elecciones legislativas, para así obtener la mayoría necesaria o; 2) Prescindir del sentimiento ciudadano (que normalmente actúa guiado por el hígado) y sea cual sea el resultado, ejercer todo el poder posible para influir sobre las fuerzas políticas de la oposición. Por donde se mire, el gobierno de Fox es sujeto del capricho de la oposición y, del sentimiento popular. Y el problema es que la administración foxista confunda estas dos cosas con, democracia y consensos.
En realidad, el problema del Presidente Fox es una enorme disociación entre dichos y acciones. Resulta grotesco pretender instaurar un “ gobierno del cambio” y una “ manera de hacer política que responda a ese cambio”, cuando en materia de relaciones internacionales nos seguimos comportando tan priistas como siempre; bajo la cómoda y floja postura de la “ no intervención”. Esto por un lado. Pero aún más grave, resulta que la administración Fox no quiera ver precisamente ahora que México está por presidir el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que un nuevo orden internacional está por nacer. Los esquemas, las alianzas de la post-guerra europea y la diplomacia crédula y simplona ha dejado de existir. El nuevo paradigma de las relaciones internacionales comprende que, la amenaza de guerra se combate con armas y municiones, y que las buenas maneras se reservan únicamente para los sistemas democráticos occidentales.
Pero nuestro gobierno no vio venir este cambio. Y el gobierno del cambio quiso complacer a la opinión pública y a las fuerzas políticas de la oposición mexicana al no tomar partido del lado de Estados Unidos, cuando, son precisamente, estas dos últimas, las que no lo dejan trabajar.
El nuevo orden internacional mantendrá la hegemonía del imperio norteamericano. La democratización de los sistemas autoritarios-socialistas del mundo islámico se llevará a cabo por la fuerza y los israelíes podrán respirar más tranquilos. Los “ viejos europeos” dejarán de ser los tradicionales aliados para ser substituidos, por los nuevos europeos, es decir, las naciones que vivieron bajo la cortina de hierro y que se han plegado a favor de la opción militar de Estados Unidos. Y es muy probable que la relación entre México y Estados Unidos se enfríe (claro que no nos lo van a decir), mientras que, las relaciones bilaterales entre EEUU y los países Centroamericanos se harán más estrechas y sólidas. El mundo cambia, y nuestro país sigue pensando que, afuera de México y nuestra tradicional manera de ser no existe nada más.
David Martinez Amador es Profesor de Teoría Política y consultor. e-mail: sophos@ufm.edu.gt
El gobierno del Presidente Fox, en resumidas cuentas, no ha sido del todo malo. Logró alcanzar la estabilidad macroeconómica y sistemáticamente, ha saneado las finanzas públicas. La agenda con respecto al crecimiento económico ha quedado pendiente como resultado de la recesión que vive nuestro mayor socio comercial. Sin embargo, nuestro sistema inmunológico económico esta cada vez más listo para soportar la segura infección que padecerán los Estados Unidos con el bestial déficit fiscal que esta guerra les signifique, pues aunque han recortado impuestos los niveles de gasto siguen siendo altos. En materia de atención al campo, se ha creado conciencia en cuanto a que no importa cuanto dinero se invierta, México debe de revolucionar su estructura productiva, además de evitar que la ayuda estatal se pierda en los canales burocráticos. Las reformas de fondo, en materia laboral y del sector energético son apoyadas por la mayor parte de ciudadanos, quienes sufren a diario los resultados del sindicalismo, la corrupción y el burocratismo.
En mi opinión, la administración del Presidente Fox tiene dos mancuernas de acción para lograr consolidar su agenda de gobierno: 1) Apostarle al sentimiento popular en las siguientes elecciones legislativas, para así obtener la mayoría necesaria o; 2) Prescindir del sentimiento ciudadano (que normalmente actúa guiado por el hígado) y sea cual sea el resultado, ejercer todo el poder posible para influir sobre las fuerzas políticas de la oposición. Por donde se mire, el gobierno de Fox es sujeto del capricho de la oposición y, del sentimiento popular. Y el problema es que la administración foxista confunda estas dos cosas con, democracia y consensos.
En realidad, el problema del Presidente Fox es una enorme disociación entre dichos y acciones. Resulta grotesco pretender instaurar un “ gobierno del cambio” y una “ manera de hacer política que responda a ese cambio”, cuando en materia de relaciones internacionales nos seguimos comportando tan priistas como siempre; bajo la cómoda y floja postura de la “ no intervención”. Esto por un lado. Pero aún más grave, resulta que la administración Fox no quiera ver precisamente ahora que México está por presidir el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que un nuevo orden internacional está por nacer. Los esquemas, las alianzas de la post-guerra europea y la diplomacia crédula y simplona ha dejado de existir. El nuevo paradigma de las relaciones internacionales comprende que, la amenaza de guerra se combate con armas y municiones, y que las buenas maneras se reservan únicamente para los sistemas democráticos occidentales.
Pero nuestro gobierno no vio venir este cambio. Y el gobierno del cambio quiso complacer a la opinión pública y a las fuerzas políticas de la oposición mexicana al no tomar partido del lado de Estados Unidos, cuando, son precisamente, estas dos últimas, las que no lo dejan trabajar.
El nuevo orden internacional mantendrá la hegemonía del imperio norteamericano. La democratización de los sistemas autoritarios-socialistas del mundo islámico se llevará a cabo por la fuerza y los israelíes podrán respirar más tranquilos. Los “ viejos europeos” dejarán de ser los tradicionales aliados para ser substituidos, por los nuevos europeos, es decir, las naciones que vivieron bajo la cortina de hierro y que se han plegado a favor de la opción militar de Estados Unidos. Y es muy probable que la relación entre México y Estados Unidos se enfríe (claro que no nos lo van a decir), mientras que, las relaciones bilaterales entre EEUU y los países Centroamericanos se harán más estrechas y sólidas. El mundo cambia, y nuestro país sigue pensando que, afuera de México y nuestra tradicional manera de ser no existe nada más.
David Martinez Amador es Profesor de Teoría Política y consultor. e-mail: sophos@ufm.edu.gt
