25.04.06Sudamérica en los ojos de la Estrategia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos de marzo 2006
Por Fabian C. Calle
En marzo 2006, la Casa Blanca dio a conocer la nueva versión de la Estrategia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos. Su anterior edición data de septiembre del 2002 y estuvo fuertemente influida por los preparativos de la guerra en Irak. Entre los puntos destacados del nuevo documento figuran: 1) extender la democracia y la libertad en el Medio Oriente es un objetivo estratégico en la lucha contra el terrorismo y los Estados Villanos; 2) los Estados Unidos tienen objetivos nacionales idealistas y medios realistas para conseguirlos; 3) los regímenes tiránicos (Corea del Norte, Irán, Siria, Cuba, Bielorusia, Birmania y Zimbawe), los que apoyan al terrorismo, las democracias que tienden a no desarrollar una plena institucionalidad y libertad para sus ciudadanos (Venezuela) y los gobiernos electos que no logran mejorar los niveles de vida de su población (no lo cita, pero da a entender que se trata de casos como el Perú) son desafíos a la estabilidad internacional; 4) las claves para luchar a largo plazo contra el terrorismo pasan por el control efectivo del territorio por parte de los Estados, división de poderes y libertad política, respeto a los Derechos Humanos, luchar contra la corrupción y reforzar la sociedad civil; 5) las elecciones no bastan, es vital el rol de la división de poderes, la fortaleza de las instituciones y dirigentes honestos y eficientes; 6) se dará respaldo a las democracias débiles que busquen evitar el caos y caer presas del terrorismo y el crimen organizado; 7) los Estados Unidos se reservan el uso de la fuerza y acciones preventivas contra el terrorismo y Estados que los respalden y/o desarrollen armas de destrucción masiva; 8) en el corto y mediano plazo el uso del poder militar es clave contra el terrorismo, en el largo plazo lo es el desarrollo de una estrategia que aliente la difusión de la democracia, la libertad y el buen gobierno; 9) Irak es un frente de batalla clave contra el terrorismo; 10) de los 7 conflictos regionales de interés que cita el documento, 3 están en América Latina (Cuba, Colombia y Venezuela); 11) se potenciará la capacidad militar, económica y política de los Estados Unidos para actuar en escenarios postconflicto; 12) se impulsa una estrategia proactiva contra la proliferación de armas de destrucción masiva y no se basará solamente en las tradicionales instituciones internacionales destinadas a controlar la no proliferación; 13) un objetivo clave de los Estados Unidos en el Medio Oriente es el cambio del régimen político en Irán; 14) se pondrán trabas y límites al desarrollo de tecnología nuclear (aun de uso civil o dual) por parte de los países que se quieren sumar a este club tecnológico; 15) se impulsará el ALCA, pero también acuerdos comerciales subregionales y bilaterales con los Estados Unidos; 16) actuar para evitar la combinación peligrosa de regímenes autoritarios y contestatarios dotados de grandes recursos petroleros y gasíferos; 17) el ascenso del populismo es una amenaza para la democracia en América Latina; 18) el documento no cita países claves o aliados en Sudamérica; 19) destaca los crecientes lazos estratégicos de los Estados Unidos con la India y la consolidación del lazo estratégico militar con el Japón (dos estados claves en la contención a China). En este sentido, se da a entender que Japón y la India deberían ser los únicos nuevos miembros de un eventual nuevo Consejo de Seguridad de la ONU (no se habla ni de Brasil ni de Alemania); 20) La estructura de defensa de los Estados Unidos se está preparando para actuar contra: a) amenazas tradicionales (otras potencias), b) irregulares (terrorismo, guerrillas, pandillas, narcotráfico, etc.), c) catastróficas (amenaza o uso de armas no convencionales por parte de Estados o actores no estatales), d) disrruptivas (saltos tecnológicos, en capacidades o doctrinarios de actores estatales y no estatales hostiles a los EE.UU.).
Este breve resumen del documento del 2006, pone en evidencia un espacio sustancialmente mayor para algunos Estados y agendas de América Latina que la versión de septiembre del 2002. En aquella oportunidad, existia una breve referencia a Colombia y su lucha contra el terrorismo y el narcotráfico con el respaldo de los Estados Unidos y otra a la cooperación política con países democráticos como Brasil y Chile. En ese momento, la Argentina estaba aun sumergida en una fuerte crisis económica y política que poco espacio daba para consideraciones como las antes mencionadas. Para el 2006, llama la atención la inexistencia de comentarios tanto hacia Brasil, Chile y nuevamente la Argentina. El énfasis claramente está en citar de manera directa o indirecta países en los cuales sus regímenes (Venezuela, Cuba y eventualmente Bolivia de Evo Morales y el Perú de Ollanta Humala) son hostiles a los Estados Unidos o situaciones en las cuales la corrupción, la debilidad institucional o las tensiones internas hacen que la democracia y las reformas de mercado terminen alentando en el corto o mediano plazo visiones antisistema (Perú y Ecuador). Otro punto que aparece de manera más o menos explícita en el documento es la voluntad de Washington de tener una estrecha supervisión sobre las actividades políticas, económicas y militares de China. El hecho que el responsable en el Departamento de Estado para Asuntos Hemisféricos, T. Shannon, haya viajado a China en abril de 2006 para hacer consultas oficiales sobre las políticas de la potencia asiática en latinoamérica en general y Sudamérica en particular, que este mismo tema haya sido uno de los puntos de debate entre el Presidente Bush y Hu Jintao, su par de China, en la reciente cumbre en Washington y las permanentes referencias del Jefe del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de los EE.UU., B. Craddock, a la importancia de monitorear la actividad china al sur del Canal de Panamá, son un reflejo de ello.
Este ingreso de la región como foco de amenaza y conflicto, no deja de impactar en el ámbito académico y en especial en aquellos intelectuales más leídos y populares tales como son el caso de F. Fukuyama y N. Ferguson. El autor del "fin de la historia" afirma en un artículo dado a conocer a fines del 2005 que la administración Bush parece no tomar cabal conciencia del nivel de riesgo a la seguridad nacional de los Estados Unidos que representa Chávez en particular y el "populismo radical" en general (1). En este sentido, Fukuyama convoca a Washington a desarrollar una estrategia articulada y coherente para hacer frente a los desafios que se están desarrollando en América Latina. En una línea semejante, en un artículo de febrero del 2006, el influyente historiador N. Ferguson subraya que una de las preguntas que se comenzará a hacer Washington en el corto o mediano plazo es "¿quién ha perdido a América Latina?". Agrega que en los últimos años se ha pasado de la famosa "Doctrina Monroe" (que desde comienzos del siglo XIX busca preservar y consolidar la preeminencia de los Estados Unidos en el hemisferio) a la doctrina del "Oh, No!"... otro gobierno populista radical ha ascendido al poder (2).
No obstante, lo previamente mencionado, la subsistencia de una guerra asimétrica en Irak, la agudización y posible escalada con Irán, el deterioro acelerado de la situación política, socioeconómica y de seguridad en los territorios palestinos, el creciente debate y politización por el tema de la inmigración latina hacia Estados Unidos (básicamente de México, Centroamérica y Caribe y no tanto de Sudamérica) entre otros factores, muy probablemente volverán a restar interés los procesos políticos y estratégicos que se vienen dando en nuestra región. En este contexto, será particulamente importante que países con suficiente masa crítica como Brasil, Argentina y Chile asuman la necesidad de al menos un mínimo de coordinación y cooperación en materias de política exterior y de seguridad. En ese contexto, es probable que Washington asuma aun más claramente la necesidad de convivir y cooperar con regímenes como el de estos tres países. T. Shannon durante una entrevista realizada por el diario "El País" de España en febrero pasado afirmaba que existe una tendencia a exagerar la influencia y el poder de Chávez en América Latina, que el centro de la atención debe estar puesta en la lucha contra la pobreza, la desigualdad y la falta de instituciones sólidas y que en realidad el proceso político-económico más importante que se está dando en la región es en países que no buscan emular la fórmula política de Chávez tal como son los casos de Brasil, Argentina y Chile (3). De la articulación de una estrategia realista y de largo plazo de los Estados Unidos hacia estos tres países, dependerá en gran medida el logro de ciertos niveles básicos de estabilidad y seguridad.
(1) F. Fukuyama, ATLANTE USA PER CAPIRE IL MONDO, Corriere della Sera, 18/12/05, Italia.
(2) N. Ferguson, Want historic trouble? Look south, Los Angeles Times, 13/2/06, USA.
(3) El País, 7 de Febrero 2006, España.
En marzo 2006, la Casa Blanca dio a conocer la nueva versión de la Estrategia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos. Su anterior edición data de septiembre del 2002 y estuvo fuertemente influida por los preparativos de la guerra en Irak. Entre los puntos destacados del nuevo documento figuran: 1) extender la democracia y la libertad en el Medio Oriente es un objetivo estratégico en la lucha contra el terrorismo y los Estados Villanos; 2) los Estados Unidos tienen objetivos nacionales idealistas y medios realistas para conseguirlos; 3) los regímenes tiránicos (Corea del Norte, Irán, Siria, Cuba, Bielorusia, Birmania y Zimbawe), los que apoyan al terrorismo, las democracias que tienden a no desarrollar una plena institucionalidad y libertad para sus ciudadanos (Venezuela) y los gobiernos electos que no logran mejorar los niveles de vida de su población (no lo cita, pero da a entender que se trata de casos como el Perú) son desafíos a la estabilidad internacional; 4) las claves para luchar a largo plazo contra el terrorismo pasan por el control efectivo del territorio por parte de los Estados, división de poderes y libertad política, respeto a los Derechos Humanos, luchar contra la corrupción y reforzar la sociedad civil; 5) las elecciones no bastan, es vital el rol de la división de poderes, la fortaleza de las instituciones y dirigentes honestos y eficientes; 6) se dará respaldo a las democracias débiles que busquen evitar el caos y caer presas del terrorismo y el crimen organizado; 7) los Estados Unidos se reservan el uso de la fuerza y acciones preventivas contra el terrorismo y Estados que los respalden y/o desarrollen armas de destrucción masiva; 8) en el corto y mediano plazo el uso del poder militar es clave contra el terrorismo, en el largo plazo lo es el desarrollo de una estrategia que aliente la difusión de la democracia, la libertad y el buen gobierno; 9) Irak es un frente de batalla clave contra el terrorismo; 10) de los 7 conflictos regionales de interés que cita el documento, 3 están en América Latina (Cuba, Colombia y Venezuela); 11) se potenciará la capacidad militar, económica y política de los Estados Unidos para actuar en escenarios postconflicto; 12) se impulsa una estrategia proactiva contra la proliferación de armas de destrucción masiva y no se basará solamente en las tradicionales instituciones internacionales destinadas a controlar la no proliferación; 13) un objetivo clave de los Estados Unidos en el Medio Oriente es el cambio del régimen político en Irán; 14) se pondrán trabas y límites al desarrollo de tecnología nuclear (aun de uso civil o dual) por parte de los países que se quieren sumar a este club tecnológico; 15) se impulsará el ALCA, pero también acuerdos comerciales subregionales y bilaterales con los Estados Unidos; 16) actuar para evitar la combinación peligrosa de regímenes autoritarios y contestatarios dotados de grandes recursos petroleros y gasíferos; 17) el ascenso del populismo es una amenaza para la democracia en América Latina; 18) el documento no cita países claves o aliados en Sudamérica; 19) destaca los crecientes lazos estratégicos de los Estados Unidos con la India y la consolidación del lazo estratégico militar con el Japón (dos estados claves en la contención a China). En este sentido, se da a entender que Japón y la India deberían ser los únicos nuevos miembros de un eventual nuevo Consejo de Seguridad de la ONU (no se habla ni de Brasil ni de Alemania); 20) La estructura de defensa de los Estados Unidos se está preparando para actuar contra: a) amenazas tradicionales (otras potencias), b) irregulares (terrorismo, guerrillas, pandillas, narcotráfico, etc.), c) catastróficas (amenaza o uso de armas no convencionales por parte de Estados o actores no estatales), d) disrruptivas (saltos tecnológicos, en capacidades o doctrinarios de actores estatales y no estatales hostiles a los EE.UU.).
Este breve resumen del documento del 2006, pone en evidencia un espacio sustancialmente mayor para algunos Estados y agendas de América Latina que la versión de septiembre del 2002. En aquella oportunidad, existia una breve referencia a Colombia y su lucha contra el terrorismo y el narcotráfico con el respaldo de los Estados Unidos y otra a la cooperación política con países democráticos como Brasil y Chile. En ese momento, la Argentina estaba aun sumergida en una fuerte crisis económica y política que poco espacio daba para consideraciones como las antes mencionadas. Para el 2006, llama la atención la inexistencia de comentarios tanto hacia Brasil, Chile y nuevamente la Argentina. El énfasis claramente está en citar de manera directa o indirecta países en los cuales sus regímenes (Venezuela, Cuba y eventualmente Bolivia de Evo Morales y el Perú de Ollanta Humala) son hostiles a los Estados Unidos o situaciones en las cuales la corrupción, la debilidad institucional o las tensiones internas hacen que la democracia y las reformas de mercado terminen alentando en el corto o mediano plazo visiones antisistema (Perú y Ecuador). Otro punto que aparece de manera más o menos explícita en el documento es la voluntad de Washington de tener una estrecha supervisión sobre las actividades políticas, económicas y militares de China. El hecho que el responsable en el Departamento de Estado para Asuntos Hemisféricos, T. Shannon, haya viajado a China en abril de 2006 para hacer consultas oficiales sobre las políticas de la potencia asiática en latinoamérica en general y Sudamérica en particular, que este mismo tema haya sido uno de los puntos de debate entre el Presidente Bush y Hu Jintao, su par de China, en la reciente cumbre en Washington y las permanentes referencias del Jefe del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de los EE.UU., B. Craddock, a la importancia de monitorear la actividad china al sur del Canal de Panamá, son un reflejo de ello.
Este ingreso de la región como foco de amenaza y conflicto, no deja de impactar en el ámbito académico y en especial en aquellos intelectuales más leídos y populares tales como son el caso de F. Fukuyama y N. Ferguson. El autor del "fin de la historia" afirma en un artículo dado a conocer a fines del 2005 que la administración Bush parece no tomar cabal conciencia del nivel de riesgo a la seguridad nacional de los Estados Unidos que representa Chávez en particular y el "populismo radical" en general (1). En este sentido, Fukuyama convoca a Washington a desarrollar una estrategia articulada y coherente para hacer frente a los desafios que se están desarrollando en América Latina. En una línea semejante, en un artículo de febrero del 2006, el influyente historiador N. Ferguson subraya que una de las preguntas que se comenzará a hacer Washington en el corto o mediano plazo es "¿quién ha perdido a América Latina?". Agrega que en los últimos años se ha pasado de la famosa "Doctrina Monroe" (que desde comienzos del siglo XIX busca preservar y consolidar la preeminencia de los Estados Unidos en el hemisferio) a la doctrina del "Oh, No!"... otro gobierno populista radical ha ascendido al poder (2).
No obstante, lo previamente mencionado, la subsistencia de una guerra asimétrica en Irak, la agudización y posible escalada con Irán, el deterioro acelerado de la situación política, socioeconómica y de seguridad en los territorios palestinos, el creciente debate y politización por el tema de la inmigración latina hacia Estados Unidos (básicamente de México, Centroamérica y Caribe y no tanto de Sudamérica) entre otros factores, muy probablemente volverán a restar interés los procesos políticos y estratégicos que se vienen dando en nuestra región. En este contexto, será particulamente importante que países con suficiente masa crítica como Brasil, Argentina y Chile asuman la necesidad de al menos un mínimo de coordinación y cooperación en materias de política exterior y de seguridad. En ese contexto, es probable que Washington asuma aun más claramente la necesidad de convivir y cooperar con regímenes como el de estos tres países. T. Shannon durante una entrevista realizada por el diario "El País" de España en febrero pasado afirmaba que existe una tendencia a exagerar la influencia y el poder de Chávez en América Latina, que el centro de la atención debe estar puesta en la lucha contra la pobreza, la desigualdad y la falta de instituciones sólidas y que en realidad el proceso político-económico más importante que se está dando en la región es en países que no buscan emular la fórmula política de Chávez tal como son los casos de Brasil, Argentina y Chile (3). De la articulación de una estrategia realista y de largo plazo de los Estados Unidos hacia estos tres países, dependerá en gran medida el logro de ciertos niveles básicos de estabilidad y seguridad.
(1) F. Fukuyama, ATLANTE USA PER CAPIRE IL MONDO, Corriere della Sera, 18/12/05, Italia.
(2) N. Ferguson, Want historic trouble? Look south, Los Angeles Times, 13/2/06, USA.
(3) El País, 7 de Febrero 2006, España.
