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01.04.03

NUEVA POLÍTICA Y NUEVA GOBERNABILIDAD EN ARGENTINA

Argentina enfrentará la sucesión de Duhalde en un contexto nuevo. La nueva política, en este caso, no es un progreso sino lo contrario: una excepcional incertidumbre, las secuelas del deterioro de lo institucional que deja la crisis, la perspectiva de un gobierno débil y la ausencia de ideas claras y planes sustentables para encarar la próxima transición
Por Julio Burdman

Argentina enfrentará la sucesión de Duhalde en un contexto nuevo. La nueva política, en este caso, no es un progreso sino lo contrario: una excepcional incertidumbre, las secuelas del deterioro de lo institucional que deja la crisis, la perspectiva de un gobierno débil y la ausencia de ideas claras y planes sustentables para encarar la próxima transición, son algunas características de este nuevo escenario que ya impacta negativamente sobre las perspectivas argentinas de lo que queda de la década.
La crisis de los partidos y la provincialización de la política, fenómenos relacionados entre sí, son los ejes de esta nueva política que trae consigo nuevos desafíos a la gobernabilidad.
Estos nuevos desafíos anticipan un Presidente débil, con bajo respaldo electoral, ausencia de un sistema de partidos que permita articular coaliciones, y el mismo Congreso actual hasta por lo menos el 10 de diciembre. El país será difícil de gobernar, y lo cierto es que varios de los candidatos con probabilidades de ganar la presidencia no calificarían para la tarea.
Por un lado, la base electoral del próximo Presidente será una de las más bajas de la historia. Porque hoy es casi segura la fragmentación en primera vuelta y la definición del cargo a través de un ballottage, y también probable una alta abstención electoral en el segundo turno -sobre todo de producirse entre dos peronistas, lo que llevaría a muchos no-peronistas a no participar.
El Congreso actual (con aún una alta proporción de radicales y frepasistas en Diputados, y un justicialismo que no llega al 50% de los diputados y se encuentra subdividido en tres o cuatro bloques de peso), se mantendrá hasta el 10 de diciembre. El mes de marzo demostró que las iniciativas del Ejecutivo salen (recuérdese el caso de las leyes previstas en el mini-acuerdo con el FMI) pero después de varias rondas de negociaciones sectoriales.
Los costos de transacción en la relación Nación-Provincias serán más altos. La tendencia a la provincialización insinuada desde fines de los noventa se consolidará, a menos que el próximo Presidente enfrente una estrategia transformadora del federalismo político en Argentina.
Y por último, las resistencias que el nuevo gobierno podría encontrar en algunos sectores de la población. El rechazo de los sectores medios a la política no se diluirá de la noche a la mañana, y menos aún en el caso de una victoria de Menem. Los planes sociales se convertirán en una política de Estado, pero dependiendo de quien sea el Presidente, cambiará la relación con los piqueteros -hoy aliados del gobierno en la administración de la política social. La ruptura de esta relación con las organizaciones piqueteras incrementaría el riesgo de conflicto social en la primera etapa del próximo gobierno.
Estos son algunos de los novedosos problemas que deberá sortear el próximo gobernante -novedosos no en su contenido, sino en su forma y gravedad. Implican dificultades en varios frentes y menos recursos para enfrentarlos.
Esto no significa un país ingobernable -la mitad de los gobernantes del mundo enfrenta problemas más graves que estos-, pero sí una matriz de gobernabilidad diferente. Con los partidos políticos fragmentados y la realidad política provincializada, en la nueva gobernabilidad los apoyos para gobernar se conseguirán negociando, ladrillo por ladrillo, con diferentes gobernadores y legisladores. La incidencia de los líderes nacionales y los partidos mayoritarios será menor en la construcción política, y los jefes de bancada -recuérdese el rol de Augusto Alasino, por nombrar a alguno- ya no tendrán tanto poder. Las restricciones fiscales del próximo período también limitarán el poder negociador del gobierno central con las provincias. Y tanto el rol político como la crisis fiscal bonaerense de los últimos años, han abierto las puertas a un conflicto potencial entre las provincias que corre riesgos de desatarse en un futuro no muy lejano, si el próximo Presidente no se anticipa al mismo.
Este mapa parece sugerir un camino imposible, pero no lo es. Es la misma matriz de gobernabilidad que caracterizó a Brasil durante casi toda su historia, Cardoso y Lula incluidos. Es un escenario que, de perdurar en el tiempo, a la larga requerirá el nacimiento de una cultura de consensos y coaliciones que Argentina no tiene, como el fracaso de la Alianza demostró. En lo inmediato, demandará habilidad y paciencia para la negociación. Si el próximo Presidente es un justicialista, se encontrará con una amplia coalición potencial dentro de su propio movimiento, pero también con que la reunión de todos esos apoyos requerirá de una negociación intensa con los diversos bloques internos, gobernadores y legisladores. El contexto del próximo Presidente no será un país ingobernable, sino el de una gobernabilidad à la brasileña. O lo que es lo mismo, una gobernabilidad más costosa.


Julio Burdman es CEO de www.nuevamayoria.com