30.03.06Buenos sueldos para los profesores
Por Angel Soto
El inicio de las clases y el término del gobierno de Lagos pusieron, una vez más, en el centro del debate el tema de la educación. La reciente publicación de los resultados del SIMCE, la PSU, la comparación con la educación en el extranjero y la negación de los profesores a ser evaluados, son partes de un debate que no tiene nada de nuevo. La oposición le enrostra a la Concertación el fracaso de la reforma, como si el gobierno militar lo hubiese hecho mejor.
Mientras tanto los ciudadanos reclamamos por una educación de pésima calidad. Cara o barata, privada o pública, al final, mediocre igual. El gobierno se defiende con cifras que muestran el aumento de niños que acceden a la educación, la extensión de la jornada escolar y las "obras" en infraestructura. Los porcentajes dan para todo. Los colegios dicen no tener recursos, mientras que otros se quejan por su falta de libertad. La pregunta es, ¿cuándo se darán cuenta que parte fundamental del problema pasa por los incentivos a los profesores? Más concretamente, ¿cuándo entenderán que un profesor, con vocación, libertad, cultura y bien remunerado junto a una tiza y un pizarrón puede hacer maravillas?
Observamos un debate centrado en la cantidad de horas docentes, en la cantidad de alumnos por curso, en la calidad de la infraestructura, en la orientación ideológica de los manuales. En tanto que los profesores son agobiados con planificaciones rígidas que más bien tienen como objetivo mostrar el cumplimiento de horas y "objetivos" que formar a nuestros niños. Docentes que no sólo deben lidiar con las burocracias, sino que deben correr de un colegio a otro, saltando -entre cada recreo- de una materia a otra a fin de dictar muchas "horas de clases" y así obtener un "mejor sueldo". ¿Y la preparación, la actualización de conocimientos? ¡Ah, eso! Bueno, una hora de preparación y una de revisión de pruebas semanal, mientras que en vacaciones irá seis días a actualizarse a alguna parte. ¡Por favor, seamos serios!
Buenos sueldos y libertad docente para nuestros maestros, eso es lo que necesitamos. Me dirán, "en los últimos años la remuneración docente ha aumentado, hemos luchado por salarios dignos", y nos llenarán de cifras para corroborarlo. Pero ahí, precisamente está el problema, el concepto de "sueldo digno". ¿Por qué no luchamos por un "buen sueldo"? En un país como Chile en donde la cultura es casi de elite, sino mire usted los precios de los libros, y si además quiere ir al teatro, cine o asistir al Municipal, definitivamente al profesor no le alcanza. Me contestarán, pero es el mercado el que regula los sueldos. Bueno, precisamente ese mismo mercado demuestra que hay profesores bien pagados, que son extraordinarios y que son demandados por distintos colegios obligando a las instituciones donde trabajan a establecer incentivos para mantenerlos.
El tema está entonces en el incentivo. Sólo conseguiremos que los mejores estudiantes decidan ingresar a pedagogía en la medida que las remuneraciones en dicha profesión sean atractivas. En los hogares debe dignificarse esta profesión y enseñarle a los niños que al profesor no se le considera como un empleado, y mucho menos de rango menor. Mal pagado, ¿cómo vas a mantenerte? y además "¡cómplice!" de una educación deficiente, es lo que quizás escucha el joven que manifiesta su interés por estudiar pedagogía.
¿Por qué un profesor no puede tener la remuneración de un gerente, abogado, ingeniero, médico?, ¿por su productividad?, ¿por la inversión?, ¿por el retorno?, ¿por lo que se ha gastado en su formación?, pero ¿acaso no están nuestros profesores de lunes a viernes casi siete horas durante diez meses por doce años con nuestros niños?. No hay mejor inversión que el capital humano.
Hay que ir a la raíz del problema. No dignifiquemos el sueldo de los profesores. Hagámoslo atractivo, competitivo y ahí exijamos calidad. La vocación no basta. ¿O me dirán que un profesor que hizo clases todo el día, seguramente -al menos- en dos colegios y que tiene una buena cantidad de pruebas que revisar cuando llega a su casa esta de ánimo para "actualizarse" de acuerdo a las exigencias del "mundo globalizado"?
Resuelto ese tema debe venir la evaluación, la exigencia en los resultados y quizás, por qué no, la acreditación de los colegios por parte de los privados. Mientras esto no se defina, no pasaremos de las buenas intenciones.
Ángel Soto es Profesor Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes.
Este artículo fue originalmente publicado en El Diario Financiero, 21 de marzo de 2006.
El inicio de las clases y el término del gobierno de Lagos pusieron, una vez más, en el centro del debate el tema de la educación. La reciente publicación de los resultados del SIMCE, la PSU, la comparación con la educación en el extranjero y la negación de los profesores a ser evaluados, son partes de un debate que no tiene nada de nuevo. La oposición le enrostra a la Concertación el fracaso de la reforma, como si el gobierno militar lo hubiese hecho mejor.
Mientras tanto los ciudadanos reclamamos por una educación de pésima calidad. Cara o barata, privada o pública, al final, mediocre igual. El gobierno se defiende con cifras que muestran el aumento de niños que acceden a la educación, la extensión de la jornada escolar y las "obras" en infraestructura. Los porcentajes dan para todo. Los colegios dicen no tener recursos, mientras que otros se quejan por su falta de libertad. La pregunta es, ¿cuándo se darán cuenta que parte fundamental del problema pasa por los incentivos a los profesores? Más concretamente, ¿cuándo entenderán que un profesor, con vocación, libertad, cultura y bien remunerado junto a una tiza y un pizarrón puede hacer maravillas?
Observamos un debate centrado en la cantidad de horas docentes, en la cantidad de alumnos por curso, en la calidad de la infraestructura, en la orientación ideológica de los manuales. En tanto que los profesores son agobiados con planificaciones rígidas que más bien tienen como objetivo mostrar el cumplimiento de horas y "objetivos" que formar a nuestros niños. Docentes que no sólo deben lidiar con las burocracias, sino que deben correr de un colegio a otro, saltando -entre cada recreo- de una materia a otra a fin de dictar muchas "horas de clases" y así obtener un "mejor sueldo". ¿Y la preparación, la actualización de conocimientos? ¡Ah, eso! Bueno, una hora de preparación y una de revisión de pruebas semanal, mientras que en vacaciones irá seis días a actualizarse a alguna parte. ¡Por favor, seamos serios!
Buenos sueldos y libertad docente para nuestros maestros, eso es lo que necesitamos. Me dirán, "en los últimos años la remuneración docente ha aumentado, hemos luchado por salarios dignos", y nos llenarán de cifras para corroborarlo. Pero ahí, precisamente está el problema, el concepto de "sueldo digno". ¿Por qué no luchamos por un "buen sueldo"? En un país como Chile en donde la cultura es casi de elite, sino mire usted los precios de los libros, y si además quiere ir al teatro, cine o asistir al Municipal, definitivamente al profesor no le alcanza. Me contestarán, pero es el mercado el que regula los sueldos. Bueno, precisamente ese mismo mercado demuestra que hay profesores bien pagados, que son extraordinarios y que son demandados por distintos colegios obligando a las instituciones donde trabajan a establecer incentivos para mantenerlos.
El tema está entonces en el incentivo. Sólo conseguiremos que los mejores estudiantes decidan ingresar a pedagogía en la medida que las remuneraciones en dicha profesión sean atractivas. En los hogares debe dignificarse esta profesión y enseñarle a los niños que al profesor no se le considera como un empleado, y mucho menos de rango menor. Mal pagado, ¿cómo vas a mantenerte? y además "¡cómplice!" de una educación deficiente, es lo que quizás escucha el joven que manifiesta su interés por estudiar pedagogía.
¿Por qué un profesor no puede tener la remuneración de un gerente, abogado, ingeniero, médico?, ¿por su productividad?, ¿por la inversión?, ¿por el retorno?, ¿por lo que se ha gastado en su formación?, pero ¿acaso no están nuestros profesores de lunes a viernes casi siete horas durante diez meses por doce años con nuestros niños?. No hay mejor inversión que el capital humano.
Hay que ir a la raíz del problema. No dignifiquemos el sueldo de los profesores. Hagámoslo atractivo, competitivo y ahí exijamos calidad. La vocación no basta. ¿O me dirán que un profesor que hizo clases todo el día, seguramente -al menos- en dos colegios y que tiene una buena cantidad de pruebas que revisar cuando llega a su casa esta de ánimo para "actualizarse" de acuerdo a las exigencias del "mundo globalizado"?
Resuelto ese tema debe venir la evaluación, la exigencia en los resultados y quizás, por qué no, la acreditación de los colegios por parte de los privados. Mientras esto no se defina, no pasaremos de las buenas intenciones.
Ángel Soto es Profesor Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes.
Este artículo fue originalmente publicado en El Diario Financiero, 21 de marzo de 2006.
