13.03.06Argentina: ¿El problema es ser un eficiente exportador de alimentos o ser un deficiente exportador industrial?
Por Pedro Isern
La polémica por la prohibición a las exportaciones de carne debe ser
enmarcada dentro de la más amplia y crucial cuestión de la alta competitividad
exportadora del sector agro alimentario y de la baja competitividad exportadora
del sector industrial argentino.
El sector agro alimentario ha aprovechado una coyuntura sumamente favorable
para reposicionarse como principal factor en la recuperación argentina. Las
razones principales que explican esta situación son:1) la creciente y
sistemática demanda de alimentos por parte de las economías asiáticas; y 2) el
incremento de la productividad en la cadena agro industrial.
Sin embargo, importantes defensores del modelo económico vigente han
re-actualizado una vieja creencia: que Argentina es uno de los pocos países que
exporta lo que come y que, consecuentemente, las retenciones (y ahora la
grotesca decisión de prohibir las exportaciones de carne) tienen el
objetivo principal de reducir el precio interno de bienes de primera
necesidad.
El punto de este artículo es demostrar la falsedad de esta vieja creencia, a
partir de la transformación económica que ha significado para el sector agro
alimentario las mencionadas ganancias de productividad. A su vez, el exitoso
desarrollo del sector nos ayuda a contrastar y a poner en evidencia el verdadero
problema económico del país: el problema no es que exportamos lo que comemos,
sino que no exportamos suficiente lo que no comemos. Es decir, el problema es
que tenemos un sector industrial de muy baja competitividad incluso ante un tipo
de cambio históricamente alto.
Primero, menciones de dos cuestiones: 1) no es cierto que Argentina exporte
principalmente lo que come. La principal exportación argentina es soja y sus
derivados. La soja no es un bien salario. 2) No es cierto que la exportación de
soja y sus derivados sea una explotación de productos primarios. El aceite
y harina de soja posee elaboración y el poroto de soja posee un anterior
desarrollo biotecnológico.
El punto central es que el problema argentino no es lo que exporta sino lo
que no exporta. ¿Por qué argentina no exporta bienes industriales y servicios?
Porque ha tenido un sector industrial ineficiente para generar valor pero
eficiente para obtener y mantener privilegios. La (lógica) contracara de esto es
la existencia de un sector agro alimentario eficiente para generar riqueza e
ineficiente para defenderse de la captura de los rent seekers
urbano-industriales.
¿Cómo demostrar con estadísticas que el problema argentino no es que
exportamos lo que comemos sino que es una economía ineficiente para generar
valor en "lo que no come" junto a una notable eficiencia (de los sectores
industriales tradicionales) para obtener y mantener privilegios? Comparando las
exportaciones y los ingresos (totales y per capita) de Argentina y Nueva
Zelanda, ya que éste es un país con la misma ponderación de exportaciones
alimenticias.
Exportaciones y PIB (total y per capita)
Argentina
Nueva Zelanda
Exportaciones (miles de millones)
$ 40.000
$ 21.000
Exportaciones per capita
$ 1.000
$ 5.250
Exportaciones de alimentos
(como % del total, 2004)
45%
49%
Exportaciones per capita de alimentos
$ 450
$ 2.573
PIB/per capita constante 2000
7.511
14.984
Comercio exterior (como % del PIB, 2004)
37,6%
46,9%
Exportaciones/PIB (2004)
22,8%
21,9%
Fuente: Banco Mundial (WDI) y Centro de Economía
Internacional (Ministerio de Economía de Argentina)
¿Por qué no es un problema para Nueva Zelanda que el 50% de sus
exportaciones sean alimentos mientras que si es un problema para Argentina que
lo sea el 45%? ¿Por qué no es un problema para Nueva Zelanda exportar $2573 per
capita de alimentos y si es un problema para Argentina exportar $450 per capita
de alimentos? Es decir, ¿Cómo se explica que exportar alimentos no sea un
"problema" allí y sí lo sea aquí? Se explica tanto por la alta
competitividad de las exportaciones industriales neocelandesas como por la alta
calidad de sus instituciones internas. Esto hace que el ingreso per capita de un
neocelandés sea $15,000 (a precios constantes del año 2000), mientras que el de
un argentino sea solo de
$7,500. Así, en Nueva Zelanda no es un problema que los precios internos de
los alimentos sean similares a los internacionales porque los habitantes
tienen ingresos suficientemente altos como para solventar dichos precios.
Así, el problema no es exportar alimentos sino ser pobre. La obvia pregunta
subsiguiente es: ¿Qué políticas hicieron rica a Nueva Zelanda y pobre a
Argentina? O, más precisamente, ¿La política de establecer retenciones o
directamente prohibir las exportaciones de alimentos contribuirá a alcanzar los
ingresos per capita de Nueva Zelanda o solo contribuirá por un tiempo a mantener
barato los alimentos internamente?
Aparecen dos alternativas: 1) apuntamos a bajar artificialmente el precio de
los alimentos (haciendo subir en el corto plazo, en forma artificial, el ingreso
real de los habitantes); o, 2) apuntamos a hacer crecer realmente el ingreso de
los habitantes (haciendo bajar, también en forma real, el costo de los alimentos
en el ingreso de las personas). Es fácil ver que la primera alternativa se puede
lograr en veinticuatro horas, tomando medidas demagógicas, con costos en el
mediano y largo plazo; mientras que la segunda alternativa puede tener
consecuencias negativas en el corto plazo pero positivas en el mediano y largo
plazo.
Los defensores del "modelo productivo" deberían parar de explicar que un
problema argentino es que exportamos lo que comemos para comenzar a explicar por
qué (después de décadas de transferencias cuantiosas de recursos desde el sector
agro alimentario al sector urbano industrial) Argentina sigue sin generar valor,
y consecuentemente sigue sin exportar suficientemente, lo que no se come. Es
decir, los admiradores del modelo productivo deben explicarnos por qué las
exportaciones que no corresponden al complejo agro industrial siguen siendo de
tan baja calidad.
Es hora de empezar a pensar sin demagogia cuáles políticas son aptas para
alcanzar el ingreso per capita de los países ricos y no cuáles políticas son
populares para mantener barato el precio de la carne.
Pedro Isern Munné es Director del Área Economía y Estado de Derecho de
CADAL.
La polémica por la prohibición a las exportaciones de carne debe ser enmarcada dentro de la más amplia y crucial cuestión de la alta competitividad exportadora del sector agro alimentario y de la baja competitividad exportadora del sector industrial argentino.
El sector agro alimentario ha aprovechado una coyuntura sumamente favorable para reposicionarse como principal factor en la recuperación argentina. Las razones principales que explican esta situación son:1) la creciente y sistemática demanda de alimentos por parte de las economías asiáticas; y 2) el incremento de la productividad en la cadena agro industrial.
Sin embargo, importantes defensores del modelo económico vigente han re-actualizado una vieja creencia: que Argentina es uno de los pocos países que exporta lo que come y que, consecuentemente, las retenciones (y ahora la grotesca decisión de prohibir las exportaciones de carne) tienen el objetivo principal de reducir el precio interno de bienes de primera necesidad.
El punto de este artículo es demostrar la falsedad de esta vieja creencia, a partir de la transformación económica que ha significado para el sector agro alimentario las mencionadas ganancias de productividad. A su vez, el exitoso desarrollo del sector nos ayuda a contrastar y a poner en evidencia el verdadero problema económico del país: el problema no es que exportamos lo que comemos, sino que no exportamos suficiente lo que no comemos. Es decir, el problema es que tenemos un sector industrial de muy baja competitividad incluso ante un tipo de cambio históricamente alto.
Primero, menciones de dos cuestiones: 1) no es cierto que Argentina exporte principalmente lo que come. La principal exportación argentina es soja y sus derivados. La soja no es un bien salario. 2) No es cierto que la exportación de soja y sus derivados sea una explotación de productos primarios. El aceite y harina de soja posee elaboración y el poroto de soja posee un anterior desarrollo biotecnológico.
El punto central es que el problema argentino no es lo que exporta sino lo que no exporta. ¿Por qué argentina no exporta bienes industriales y servicios? Porque ha tenido un sector industrial ineficiente para generar valor pero eficiente para obtener y mantener privilegios. La (lógica) contracara de esto es la existencia de un sector agro alimentario eficiente para generar riqueza e ineficiente para defenderse de la captura de los rent seekers urbano-industriales.
¿Cómo demostrar con estadísticas que el problema argentino no es que exportamos lo que comemos sino que es una economía ineficiente para generar valor en "lo que no come" junto a una notable eficiencia (de los sectores industriales tradicionales) para obtener y mantener privilegios? Comparando las exportaciones y los ingresos (totales y per capita) de Argentina y Nueva Zelanda, ya que éste es un país con la misma ponderación de exportaciones alimenticias.
Exportaciones y PIB (total y per capita) |
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Argentina |
Nueva Zelanda |
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Exportaciones (miles de millones) |
$ 40.000 |
$ 21.000 |
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Exportaciones per capita |
$ 1.000 |
$ 5.250 |
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| Exportaciones de alimentos (como % del total, 2004) |
45% |
49% |
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| Exportaciones per capita de alimentos | $ 450 |
$ 2.573 |
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| PIB/per capita constante 2000 | 7.511 |
14.984 |
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| Comercio exterior (como % del PIB, 2004) | 37,6% |
46,9% |
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| Exportaciones/PIB (2004) | 22,8% |
21,9% |
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| Fuente: Banco Mundial (WDI) y Centro de Economía Internacional (Ministerio de Economía de Argentina) |
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¿Por qué no es un problema para Nueva Zelanda que el 50% de sus exportaciones sean alimentos mientras que si es un problema para Argentina que lo sea el 45%? ¿Por qué no es un problema para Nueva Zelanda exportar $2573 per capita de alimentos y si es un problema para Argentina exportar $450 per capita de alimentos? Es decir, ¿Cómo se explica que exportar alimentos no sea un "problema" allí y sí lo sea aquí? Se explica tanto por la alta competitividad de las exportaciones industriales neocelandesas como por la alta calidad de sus instituciones internas. Esto hace que el ingreso per capita de un neocelandés sea $15,000 (a precios constantes del año 2000), mientras que el de un argentino sea solo de
$7,500. Así, en Nueva Zelanda no es un problema que los precios internos de los alimentos sean similares a los internacionales porque los habitantes tienen ingresos suficientemente altos como para solventar dichos precios.
Así, el problema no es exportar alimentos sino ser pobre. La obvia pregunta subsiguiente es: ¿Qué políticas hicieron rica a Nueva Zelanda y pobre a Argentina? O, más precisamente, ¿La política de establecer retenciones o directamente prohibir las exportaciones de alimentos contribuirá a alcanzar los ingresos per capita de Nueva Zelanda o solo contribuirá por un tiempo a mantener barato los alimentos internamente?
Aparecen dos alternativas: 1) apuntamos a bajar artificialmente el precio de los alimentos (haciendo subir en el corto plazo, en forma artificial, el ingreso real de los habitantes); o, 2) apuntamos a hacer crecer realmente el ingreso de los habitantes (haciendo bajar, también en forma real, el costo de los alimentos en el ingreso de las personas). Es fácil ver que la primera alternativa se puede lograr en veinticuatro horas, tomando medidas demagógicas, con costos en el mediano y largo plazo; mientras que la segunda alternativa puede tener consecuencias negativas en el corto plazo pero positivas en el mediano y largo plazo.
Los defensores del "modelo productivo" deberían parar de explicar que un problema argentino es que exportamos lo que comemos para comenzar a explicar por qué (después de décadas de transferencias cuantiosas de recursos desde el sector agro alimentario al sector urbano industrial) Argentina sigue sin generar valor, y consecuentemente sigue sin exportar suficientemente, lo que no se come. Es decir, los admiradores del modelo productivo deben explicarnos por qué las exportaciones que no corresponden al complejo agro industrial siguen siendo de tan baja calidad.
Es hora de empezar a pensar sin demagogia cuáles políticas son aptas para alcanzar el ingreso per capita de los países ricos y no cuáles políticas son populares para mantener barato el precio de la carne.
Pedro Isern Munné es Director del Área Economía y Estado de Derecho de CADAL.
