01.04.03CHILE: UNA CADENA DE RETROCESOS
Hace algún tiempo se vienen mencionando dos pasos desfavorables para la credibilidad futura de la economía chilena en el exterior: la baja en el rating soberano de Fitch y el artículo crítico del Economist Por Francisco Garcés
Hace algún tiempo se vienen mencionando dos pasos desfavorables para la credibilidad futura de la economía chilena en el exterior: la baja en el rating soberano de Fitch y el artículo crítico del Economist.
Lamentablemente, ahora se precipita una sucesión de pasos en reverso, que pueden no cerrar aún esta imprevista “cadena viciosa” que se ha presentado en los últimos días y que ha trascendido a la prensa internacional.
El caso CORFO-Inverlink encierra aspectos graves, que afectan los principios jurídicos de propiedad, por los cuales se rigen los mercados financieros, y por lo tanto la confianza del inversionista y del ahorrista. En términos concretos, se afectó seriamente el “Estado de Derecho”, lo cual es fácilmente perceptible por los bancos y analistas internacionales. Los efectos internos y externos han sido una salida de fondos mutuos de más de US$ 1500 millones, es decir, una suerte de corrida financiera, que ha afectado gravemente a la industria de fondos mutuos y más profundamente, todavía, al segmento del mercado de corredoras de bolsa no bancarias,
varias de las cuales han experimentado situaciones muy difíciles.
De una u otra forma el episodio CORFO- Inverlink va a provocar perdidas severas a instituciones públicas y también al sector privado, que va a aumentar la percepción de riesgo soberano en los mercados financieros y de capitales. En consecuencia, esto derivará en mayores costos y en un retroceso del desarrollo financiero de Chile.
En el plano externo está aumentando ya la prima por riesgo - lo cual es un inicio en la reducción de la brecha con otros países latinoamericanos- en lugar de ocurrir un fortalecimiento relativo de nuestra situación de riesgo, dada nuestras ventajas institucionales.
Una de las fortalezas que van quedando en la caja de caudales de la economía chilena es la solidez y eficiencia del mercado financiero, de modo que es necesario prodigarle toda clase de cuidados. Además, ya hemos perdido otra de sus ventajas, el “sólido equilibrio fiscal”, con cinco años reiterados de déficit efectivo y perspectivas desalentadoras sobre le creciente debilidad fiscal
futura ya internalizada por los analistas internacionales.
En segundo lugar, está el innecesario voto negativo contra un proyecto de resolución “inexistente” de Estados Unidos, Gran Bretaña y España, agravado luego por un pretencioso proyecto de resolución de Chile que tuvo inmediato rechazo conjunto de Estados Unidos e Irak. Todo lo anterior ha complicado, sin duda, las relaciones con EE.UU. con quien hay pendiente un importante
acuerdo económico y comercial, que queda sometido a un alto riesgo de pronta aprobación final.
Las improvisaciones anteriores pueden tener alto costo para nuestra apertura internacional, y para el desarrollo y bienestar económico a mediano plazo del país.
No es infundado, tampoco, el temor de algunos sectores nacionales sobre nuevas y eventuales improvisaciones en las políticas públicas de contingencia, por el conflicto bélico, especialmente, si éste no es tan breve como lo contempla el escenario más optimista.
Una guerra en el medio oriente que no se resuelva de manera inmediata, lo más probable es que afecte de manera contractiva a la economía chilena, vía precios de petróleo
y flujos de capitales, que tienden a detenerse en esas circunstancias. Más aún, el sector fiscal tendrá un nuevo debilitamiento vía gastos e ingresos derivados de los planes de contingencia y de una eventual desaceleración, por efecto directo de la guerra y de una economía global más lenta. Ya el crecimiento proyectado de Estados Unidos se ha revisado hacia abajo en medio punto porcentual.
Un hecho adicional, no internalizado por los mercados externos, y que podría dar la campanada final de deterioro de la economía chilena, sería el alejamiento del presidente del Banco Central de Chile, por presiones políticas, en un momento en que los mercados están ingiriendo una cantidad no menor de elementos tóxicos sobre la credibilidad externa de nuestro país. Esta situación precipitada y visible pondría en entredicho la autonomía del Banco Central.
Francisco Garcés es Director del Centro de Economía Internacional del Instituto Libertad y Desarrollo www.lyd.com
Hace algún tiempo se vienen mencionando dos pasos desfavorables para la credibilidad futura de la economía chilena en el exterior: la baja en el rating soberano de Fitch y el artículo crítico del Economist.
Lamentablemente, ahora se precipita una sucesión de pasos en reverso, que pueden no cerrar aún esta imprevista “cadena viciosa” que se ha presentado en los últimos días y que ha trascendido a la prensa internacional.
El caso CORFO-Inverlink encierra aspectos graves, que afectan los principios jurídicos de propiedad, por los cuales se rigen los mercados financieros, y por lo tanto la confianza del inversionista y del ahorrista. En términos concretos, se afectó seriamente el “Estado de Derecho”, lo cual es fácilmente perceptible por los bancos y analistas internacionales. Los efectos internos y externos han sido una salida de fondos mutuos de más de US$ 1500 millones, es decir, una suerte de corrida financiera, que ha afectado gravemente a la industria de fondos mutuos y más profundamente, todavía, al segmento del mercado de corredoras de bolsa no bancarias,
varias de las cuales han experimentado situaciones muy difíciles.
De una u otra forma el episodio CORFO- Inverlink va a provocar perdidas severas a instituciones públicas y también al sector privado, que va a aumentar la percepción de riesgo soberano en los mercados financieros y de capitales. En consecuencia, esto derivará en mayores costos y en un retroceso del desarrollo financiero de Chile.
En el plano externo está aumentando ya la prima por riesgo - lo cual es un inicio en la reducción de la brecha con otros países latinoamericanos- en lugar de ocurrir un fortalecimiento relativo de nuestra situación de riesgo, dada nuestras ventajas institucionales.
Una de las fortalezas que van quedando en la caja de caudales de la economía chilena es la solidez y eficiencia del mercado financiero, de modo que es necesario prodigarle toda clase de cuidados. Además, ya hemos perdido otra de sus ventajas, el “sólido equilibrio fiscal”, con cinco años reiterados de déficit efectivo y perspectivas desalentadoras sobre le creciente debilidad fiscal
futura ya internalizada por los analistas internacionales.
En segundo lugar, está el innecesario voto negativo contra un proyecto de resolución “inexistente” de Estados Unidos, Gran Bretaña y España, agravado luego por un pretencioso proyecto de resolución de Chile que tuvo inmediato rechazo conjunto de Estados Unidos e Irak. Todo lo anterior ha complicado, sin duda, las relaciones con EE.UU. con quien hay pendiente un importante
acuerdo económico y comercial, que queda sometido a un alto riesgo de pronta aprobación final.
Las improvisaciones anteriores pueden tener alto costo para nuestra apertura internacional, y para el desarrollo y bienestar económico a mediano plazo del país.
No es infundado, tampoco, el temor de algunos sectores nacionales sobre nuevas y eventuales improvisaciones en las políticas públicas de contingencia, por el conflicto bélico, especialmente, si éste no es tan breve como lo contempla el escenario más optimista.
Una guerra en el medio oriente que no se resuelva de manera inmediata, lo más probable es que afecte de manera contractiva a la economía chilena, vía precios de petróleo
y flujos de capitales, que tienden a detenerse en esas circunstancias. Más aún, el sector fiscal tendrá un nuevo debilitamiento vía gastos e ingresos derivados de los planes de contingencia y de una eventual desaceleración, por efecto directo de la guerra y de una economía global más lenta. Ya el crecimiento proyectado de Estados Unidos se ha revisado hacia abajo en medio punto porcentual.
Un hecho adicional, no internalizado por los mercados externos, y que podría dar la campanada final de deterioro de la economía chilena, sería el alejamiento del presidente del Banco Central de Chile, por presiones políticas, en un momento en que los mercados están ingiriendo una cantidad no menor de elementos tóxicos sobre la credibilidad externa de nuestro país. Esta situación precipitada y visible pondría en entredicho la autonomía del Banco Central.
Francisco Garcés es Director del Centro de Economía Internacional del Instituto Libertad y Desarrollo www.lyd.com
