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24.03.03

MÉXICO: RESERVAS SIN RESERVAS

Se ha desatado, por fin, amplio comentario sobre la viabilidad de mantener un nivel tan abultado de reservas internacionales, mismas que hoy ya sobrepasaron el nivel histórico de 50 mil millones de dólares. En medio del debate, las autoridades financieras no acaban de definir el esquema de desacumulación que regirá en el futuro.
Por Roberto Salinas-León

Se ha desatado, por fin, amplio comentario sobre la viabilidad de mantener un nivel tan abultado de reservas internacionales, mismas que hoy ya sobrepasaron el nivel histórico de 50 mil millones de dólares. Por un lado, hay quienes insisten que el banco central debe intervenir con ciertos montos, ya sea de la factura petrolera o de la montaña de reservas, en el mercado cambiario, para amortiguar las volatilidades observadas recientemente. Por otro lado, hay quienes señalan que este acto viola los principios de la flotación, de dejar que las fuerzas de oferta y demanda dicten el precio de la paridad, y que por ello representa un esquema disfrazado de bandas.
En medio del debate, las autoridades financieras no acaban de definir el esquema de desacumulación que regirá en el futuro. La incertidumbre al respecto de las reservas, y los debates sobre si su eventual uso es otro caso más de lo que Javier Bonilla ha caracterizado como el síndrome del alcoholismo cambiario, hace recordar las advertencias financieras de Donald Brash, quién fungiese como gobernador de la Reserva Federal de Nueva Zelanda, la institución que mejor ha practicado un esquema de flotación. Brash advertía que, en más de una ocasión, las autoridades centrales contemplaron deshacerse de la totalidad de sus reservas, precisamente para demostrarle al mercado financiero que aunque el banco central quisiese intervenir, no lo podría hacer, siendo que no habría un solo dólar en las arcas de la institución.
En nuestro caso, el sólo amague de un mecanismo de desacumulación ya propició una apreciación, con lo que se está moviendo la paridad no de acuerdo a oferta y demanda, sino sobre la base de meras expectativas especulativas que pretenden adelantarse a futuros movimientos en el tipo de cambio.
Habría que recordar otra advertencia, la del Premio Nobel Robert Mundell, quién señala que un esquema de flotación es congruente tanto con un régimen de inflación cero, como con una hiper-inflación. En un esquema de flotación, el factor importante es la regla monetaria prevaleciente, que dicte la posición anti-inflacionaria. En el caso mexicano, hay un régimen de metas de inflación. Por tanto, si hay una depreciación del tipo de cambio, las autoridades deben intervenir para evitar cualquier impacto inflacionario derivado del nivel de depreciación. Si no hay “pass through” no se detona la obligación contractual de evitar el impacto inflacionario.
Pero si se comprueba dicho impacto, la intervención es monetaria, no cambiaria—es, en otras palabras, un acto de restricción que cambie la proporción de pesos y dólares, y que logre un equilibrio por abajo del impacto inflacionario potencial. Aun así, los partícipes del actual debate sobre las reservas, si bien por fin reconocen los altos costos fiscales que la acumulación de divisas genera (la diferencia “negativa” entre deuda interna e inversiones en activos extranjeros de alta calificación, o sea, un arbitraje “a lo estúpido”), también han dejado de especificar (con algunas notables excepciones) que la acumulación de reservas es un mecanismo de intervención cambiaria, que evita registrar precios más bajos del billete verde. Es una demanda artificial, que además tiene altos costos de oportunidad, sobre todo la potencial amortización de deuda pública.
Habría que recordar, es más, la justificación original del mecanismo de acumulación de reservas (más allá de las reservas derivadas de la factura petrolera) que se instrumentó en 1997, y que tuvo vigor hasta el 2001: “la acumulación de reservas se da para evitar una apreciación indeseable de la moneda, que ponga en entredicho la rentabilidad de los bienes comerciables.” Es decir, un subsidio al exportador. Otros, incluso, defendieron la posición que el país requiere altas reservas para apuntalar la colocación de papel corporativo en los mercados exteriores. Es decir, un subsidio, lleno de riesgo moral, a las corporaciones.
Quizá no sería descabellado pensar seriamente en la advertencia de Donald Brash, y de plano desincorporar todas nuestras reservas, en un “meta-swap” de deuda, para eliminar las tentaciones de alcoholismo cambiario, incluso de populismo financiero, que han surgido en este episodio de inestabilidad.

Roberto Salinas León es Director de Política Económica de TV Azteca
estrategiaeconomica@todito.com