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24.01.06

Evo Morales: Más realismo que ideología

Por Jorge Elías

LA PAZ.– Después de haber estado en cuatro continentes en menos de dos semanas, Evo Morales se ha de haber planteado la paradoja de todo boliviano: ser rico en las entrañas y pobre en la superficie. ¿Cómo equilibrar eso sin la participación de capitales externos en un mundo globalizado que no se fía de la necesidad ni del sentimiento, sino de la rentabilidad?

¿Cómo? Con un discurso menos explosivo y más efectivo –concluyó Evo–, más allá de la ideología socialista, de la prédica revolucionaria, del folklore autóctono, de la ropa informal y del puño izquierdo en alto. Un discurso firme y conciliador a la vez, en el cual los recursos naturales, antes causantes de caídas de presidentes, sostengan ahora, tras el derrumbe de los partidos tradicionales, la endeble gobernabilidad democrática de Bolivia. Un discurso en el cual prime el interés nacional.

Sobre esa base, el interés nacional no tiene por qué ir en desmedro de la integración regional. Y Bolivia, sumida en la pobreza, atesora reservas de gas y de petróleo con las cuales podría salir del pozo si Morales, bendecido por la simpatía que despierta en el exterior por ser la novedad de América latina tras un período de crisis recurrentes, quiso dar un corte, o un hachazo, entre la campaña previa y la gestión inminente.

En la Venezuela prebolivariana de Hugo Chávez, su bastonero y precursor, sucedía algo parecido en 1998, cuando ganó sus primeras elecciones. Como dijo ayer el vicepresidente boliviano, Alvaro García Linera: un proceso está por morir y otro está por nacer. Un proceso no signado por la experiencia, sino por la expectativa.

En Buenos Aires, el viaje en duda hasta último momento en su agenda internacional, Morales había dejado de lado el costado telúrico: "¿A qué gobierno no le interesa que suban los precios del gas y se aumenten los volúmenes de exportación?". A qué gobierno de Bolivia, desde luego. En su lugar, Néstor Kirchner, o cualquiera de sus anfitriones anteriores, hubiera pensado, y dicho, lo mismo.
 
Cortocircuitos varios
 
Como todo presidente sin culpas, empero, Morales sabe que enfrenta varios dilemas. En su estreno, durante un extenso discurso en el cual dejó entrever tanto rencores ancestrales y personales como un ánimo no vengativo, imitó a algunos de sus pares de la región con consignas contrarias a la prensa independiente, como si de la principal fuerza de la oposición se tratara. Una estupidez en boga, semilla de la autocensura, las persecuciones, la discriminación y, a veces, los crímenes de periodistas que, después, ellos mismos no son capaces de resolver ni de prevenir.

En las vísperas, Morales había tenido problemas en un año marcado por elecciones y enfrentamientos. El presidente de México, Vicente Fox, en cortocircuito con Kirchner y Chávez durante la IV Cumbre de las Américas en Mar del Plata, dijo que Morales debía "comerse su gas natural" si no quería exportarlo, y halló en la invitación que cursó al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) una excusa aparentemente válida, aunque no convincente, para no asistir a su asunción.

En su respuesta, desde Sudáfrica, Morales replicó: "No trate de humillar a mí y a mi pueblo por defender los intereses de su país", dijo, textualmente. De ese discurso, de defensa del interés nacional sin intención aparente de perjudicar la integración regional, no se apartó desde que ganó las elecciones del 18 de diciembre de 2005 con un histórico 53,74 por ciento.

En la mayoría de los desencuentros regionales sobrevoló la figura de Chávez. Su par de Perú, Alejandro Toledo, creyó que había interferido en los asuntos internos de su país cuando proclamó en forma precipitada, y desubicada, la victoria del líder nacionalista e indígena Ollanta Humala, rival de la conservadora Lourdes Flores, para las elecciones del 9 de abril próximo. Fue testigo Morales, en el Palacio de Miraflores, en su primera visita al exterior como presidente en ciernes.

Así como Chávez no vaciló en tildar a Fox de "cachorro del imperio" y al presidente de Chile, Ricardo Lagos, de "mentiroso" por su interés en hallar una solución para salida al mar de Bolivia, también afirmó que Toledo era un "fracaso". Y debió vérselas con el presidente boliviano saliente, Eduardo Rodríguez, por haber dicho que Venezuela iba a estar del lado de Morales si alguien [George W. Bush, obviamente] se atrevía a organizar un complot para tumbarlo.

Lo irónico: Chávez eleva la voz mientras preside en forma temporal la Comunidad Andina de Naciones (CAN), integrada por Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, aunque haya llegado a decir de ella que "no sirve para nada".

De Rodríguez halló como respuesta: "Somos un país pacífico, soberano, que tiene una absoluta y clara concepción de lo que es su soberanía, su autodeterminación y no necesitamos a nadie para decirnos cómo debemos conducirnos". De Toledo, tensa la relación por entredichos que habían tenido en Mar del Plata, halló como respuesta: "No es el presidente de América latina".

No lo es, claro. De las disputas supo mantenerse al margen Morales, más allá de los acuerdos que alcanzó con Chávez y con otro amante de las riñas, Fidel Castro. Sobre la mesa admite que hay varias posibilidades para sacar a Bolivia del pozo: el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), impulsado por Bush; la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), impulsada por Chávez, o un tratado de libre comercio con los Estados Unidos, así como acuerdos complementarios con la CAN y el Mercosur.

"Después de viajar y conversar con muchos presidentes he entendido que el rol del presidente, el rol del gobierno, es hacer buenos negocios para el país, que tienen que demostrarse con números, con datos", dijo Morales, recargado como Matrix.

En principio, su rápida evolución vino a imprimir algo de realismo a la cosmovisión andina, más emparentada con la Pachamama (madre tierra) y el Tata Inti (padre sol), vivos en las ruinas de Tiwanaku en la cuales fue provisto de poderes mágicos, que con los chicos malos de Wall Street, en donde el interés nacional comienza a ser un derecho de todo gobierno democrático, no un punto en contra.

Fuente: Diario La Nación
http://www.lanacion.com.ar/exterior/nota.asp?nota_id=774619