17.01.06La Concertación, dueña de la victoria
Por Eugenio Tironi
SANTIAGO, Chile (El Mercurio/GDA).- ¡Qué difícil es derrotar a la Concertación! Quedó demostrado nuevamente anteayer con el amplio e inobjetable triunfo de Michelle Bachelet.
Con Joaquín Lavín, en el 99, pareció posible, pero sólo porque se dieron circunstancias muy excepcionales: crisis económica, gobierno agotado, coalición tensionada tras las primarias, una oferta de cambio atractiva.
Pero volviendo las cosas a la normalidad, ¿cómo vencerla? Aquí convergen dos corrientes históricas que, sumadas, constituyen la mayoría sociológica del país: la izquierda socialista y el centro cristiano. Aquí se identifican naturalmente los grupos medios y populares y las principales organizaciones sociales. Se reúnen la épica de las grandes luchas sociales del siglo pasado, la oposición antidictatorial, la defensa de los derechos humanos y la batalla más reciente por ampliar las libertades.
La forman partidos organizados, hoy estrechamente articulados con el aparato del Estado, que se movilizan eficientemente en tiempos de elecciones. Es una coalición habituada a resolver sus discrepancias, como lo hizo ahora al definir tempranamente una candidatura única y cuadrarse tras ella. Como si esto fuera poco, la preceden gobiernos exitosos y una situación económica expectante.
La Alianza, entonces, no podía ganar, no importa quién fuera su candidato ni cómo fuese su campaña. No podrá ganar mientras no haga una reingeniería a fondo.
Hasta ahora la ha venido postergando, seducida por la idea de que basta un buen candidato con un buen marketing para dar vuelta la historia. Pero Chile no es tierra fértil para el mesianismo, y confía en la consistencia antes que en el ingenio. Debe pasar a retiro a los dirigentes que participaron en el régimen de Pinochet. Necesita construir un relato, y no seguir apelando simplemente al cambio o la alternancia. Tiene que asumir que los disconformes con el sistema -que los hay- al final del día optarán por la Concertación antes que por la Alianza, que es el sistema.
Como lo hicieron Margaret Thatcher en Gran Bretaña o Ronald Reagan en Estados Unidos, debería construir planteamientos y liderazgos a partir de sí misma. Esto de andar levantándose como adalid de la lucha contra la desigualdad resulta contraproducente: basta con que alguien los "saque al pizarrón" para que lo que parecía astuto se vuelva patético.
Como quedó demostrado ayer, los chilenos quieren opciones con domicilio conocido. En la política chilena no hay milagros ni fenómenos. Bachelet es la Concertación, y esto le dio la victoria.
La Alianza creyó que podía ganar sin ser mayoría en la sociedad, y fue derrotada. Es la vida. Ojalá las dos partes aprovechen la lección.
El autor es un sociólogo chileno
Fuente: Diario La Nación
http://www.lanacion.com.ar/exterior/nota.asp?nota_id=772974
SANTIAGO, Chile (El Mercurio/GDA).- ¡Qué difícil es derrotar a la Concertación! Quedó demostrado nuevamente anteayer con el amplio e inobjetable triunfo de Michelle Bachelet.
Con Joaquín Lavín, en el 99, pareció posible, pero sólo porque se dieron circunstancias muy excepcionales: crisis económica, gobierno agotado, coalición tensionada tras las primarias, una oferta de cambio atractiva.
Pero volviendo las cosas a la normalidad, ¿cómo vencerla? Aquí convergen dos corrientes históricas que, sumadas, constituyen la mayoría sociológica del país: la izquierda socialista y el centro cristiano. Aquí se identifican naturalmente los grupos medios y populares y las principales organizaciones sociales. Se reúnen la épica de las grandes luchas sociales del siglo pasado, la oposición antidictatorial, la defensa de los derechos humanos y la batalla más reciente por ampliar las libertades.
La forman partidos organizados, hoy estrechamente articulados con el aparato del Estado, que se movilizan eficientemente en tiempos de elecciones. Es una coalición habituada a resolver sus discrepancias, como lo hizo ahora al definir tempranamente una candidatura única y cuadrarse tras ella. Como si esto fuera poco, la preceden gobiernos exitosos y una situación económica expectante.
La Alianza, entonces, no podía ganar, no importa quién fuera su candidato ni cómo fuese su campaña. No podrá ganar mientras no haga una reingeniería a fondo.
Hasta ahora la ha venido postergando, seducida por la idea de que basta un buen candidato con un buen marketing para dar vuelta la historia. Pero Chile no es tierra fértil para el mesianismo, y confía en la consistencia antes que en el ingenio. Debe pasar a retiro a los dirigentes que participaron en el régimen de Pinochet. Necesita construir un relato, y no seguir apelando simplemente al cambio o la alternancia. Tiene que asumir que los disconformes con el sistema -que los hay- al final del día optarán por la Concertación antes que por la Alianza, que es el sistema.
Como lo hicieron Margaret Thatcher en Gran Bretaña o Ronald Reagan en Estados Unidos, debería construir planteamientos y liderazgos a partir de sí misma. Esto de andar levantándose como adalid de la lucha contra la desigualdad resulta contraproducente: basta con que alguien los "saque al pizarrón" para que lo que parecía astuto se vuelva patético.
Como quedó demostrado ayer, los chilenos quieren opciones con domicilio conocido. En la política chilena no hay milagros ni fenómenos. Bachelet es la Concertación, y esto le dio la victoria.
La Alianza creyó que podía ganar sin ser mayoría en la sociedad, y fue derrotada. Es la vida. Ojalá las dos partes aprovechen la lección.
El autor es un sociólogo chileno
Fuente: Diario La Nación
http://www.lanacion.com.ar/exterior/nota.asp?nota_id=772974
