12.12.05Los Estados Unidos y Venezuela: ¿el inicio de una escalada estratégico-militar?
Por Fabian C. Calle
Pocas dudas caben sobre la existencia de una escalada en las tensiones político-diplomáticas entre Caracas y Washington desde el ascenso al poder de Chávez en 1998, aun más acentuadamente luego del fracasado golpe del 2002 y todavía de manera más acentuada a partir de la consolidación del lider venezolano en el poder con sus victorias electorales en el referedum revocatorio del 2004 y en las elecciones municipales desarrolladas ese mismo año. Fue hasta ese 2004 que imperaba en Washington un precario consenso sobre la necesidad de "mirar lo que hace Chávez y no tanto lo que dice". No obstante, los últimos meses parecen mostrar de manera cada vez más nítida una escalada que ya se adentra (en especial si uno extiende la mirada al mediano plazo) al plano estratégico-militar. ¿Hay posibilidad de un conflicto armado directo entre Venezuela y los EE.UU.? Esta pregunta tenía poco tiempo atrás una respuesta mayoritaria: NO. Hoy por hoy, y más aun en los próximos 12 meses, la respuesta que obtendriamos de observadores especializados sería: no, pero...
De por si es dificil abordar esta compleja y crecientemente traumática relación entre dos rivales/enemigos económicamente interdependientes:
1) La Venezuela de Chávez abastece a los EE.UU. con el 15% de las necesidades de importaciones de petróleo.
2) En suelo estadounidense operan 14 mil estaciones de servicio/gasolineras propiedad del Estado venezolano.
3) El mercado de los EE.UU. representa más del 50% del total de las exportaciones de Venezuela (básicamente petróleo y tal vez por ello un acuerdo como el ALCA no es vital para Caracas más allá de las ideologias comprometidas).
4) Las refinerias de propiedad venezolana que operan los EE.UU. procesan el 5% del total de combustible de la superpotencia.
5) Varias de las principales empresas petroleras de los EE.UU. operan en yacimientos y nuevas exploraciones en tierra y mar venezolanos, en muchos casos asociadas a la estatal PDVSA.
Todo esto no es un impedimento insalvable para detectar un creciente y acelerado debate sobre el choque (indirecto o directo) entre las estructuras y políticas de seguridad y Defensa de Washington y Caracas. Un claro y significativo ejemplo en este sentido es la publicación en octubre del 2005 de un artículo titulado "Venezuela´s Hugo Chávez, Bolivarian Socialism and Asymmetric Warfare". Este título revelador lo es aun más si le agrega a ello el hecho que su autor es el reconocido e influyente especialista en temas de seguridad hemisférica Max G. Manwaring y que fue publicado por el "Strategic Studies Institute" del Ejército de los EE.UU. Un recorrido por los lineamientos fundamentales de esta publicación nos mostraría definiciones que pronostican y al mismo tiempo buscan cursos de acción y estrategias concretas frente un avance traumático de las tensiones entre los EE.UU. y el país Caribeño:
1) Chávez tiene todas las características de un caudillo militar de la tradición latinoamericana, pero también es más que una mera reedición de lógicas y objetivos del pasado.
2) Chávez es un factor desestabilizador a escala regional y más y más se erige como una amenaza a los intereses de los EE.UU.
3) Chávez tiene una visión sofisticada y holística del conflicto asimétrico que lo enfrenta con los EE.UU. En este sentido, entiende perfectamente la necesidad de mostrarse como poseedor de lo "moralmente correcto", de hacer un uso amplio y sofisticado de los medios de comunicación, de preparar las fuerzas militares y de seguridad (y aun a la sociedad) para un conflicto asimétrico con Washington y sus aliados regionales e internos, el potenciar llegado el caso la inestabilidad y crisis ya preexistentes en países claves como Bolivia y Ecuador, etc. En otras palabras, Manwaring habla de un intento serio y articulado de una "super insurgencia" contra la influencia de los EE.UU.
4) El respaldo de Caracas a las movilizaciones populares, organizaciones sociales y a sectores políticos y militares contrarios a la hegemonía de los EE.UU.
5) El modelo chavista como puerta de ingreso de los militares a lugares de poder político y económico, tanto en Venezuela como en otros países de la región.
6) El sintonizar con la insatisfacción popular por la pobreza, desempleo y ajustes.
7) El rol central del uso articulado de la palabra, las ideas y las imágenes.
8) La posibilidad cierta que frente a una escalada con Washington, Caracas decida efectivizar una colaboración a gran escala con grupos armados y radicales que actúan en la región.
9) El aprovechar los escenarios de desintegración y crisis que provocan la globalización, el debilitamiento de los Estados, el narcotráfico, las mafias, la corrupción y el terrorismo.
10) Ver con ojos favorables la aparición de ciertos casos de Estados fracasados como forma de poner en crisis el control de los EE.UU. en la zona.
Frente a estos y otros factores, Manwaring convoca a no ridiculizar el fenómeno de Chávez y el chavismo, recomienda a Washington impulsar estrategias que tiendan a facilitar la lucha contra la corrupción, las debilidades institucionales y la pobreza en los países del área y de esa forma facilitar el desarrollo económico, social y político de los mismos. También convoca a actuar preventivamente frente a potenciales casos de países que se perfilan hacia situaciones de colapso, mejorar la capacidad de respuesta de instituciones como la OEA y otras instituciones internacionales así como incrementar y mejorar los niveles de coordinación y cooperación interagencias (ligadas a la seguridad, defensa, economía, etc.) tanto dentro de los EE.UU. como de la superpotencia con sus aliados regionales. Todo ello, tendiente a articular una estrategia integral y de largo alcance a la amenaza multidimensional del chavismo.
Cabría recordar que en noviembre del presente año el influyente "The Washington Post" afirmaba que entre los planes de contingencia militar que tendrían el Pentágono, por el momento no parece figurar Venezuela. En cambio, si se destacan los casos de China, Corea del Norte, Rusia, Irán, Siria y Cuba. No obstante, el hecho que en los últimos años los tiempos requeridos para un plan de acción se redujeran de 12/22 meses a 4/6 meses, haría factible contar con planificaciones sobre el caso de Venezuela en plazos breves. A su vez, agrega, la creciente escalada entre Washington y Caracas haría altamente probable un paso en ese sentido .
Nuestros gobiernos y tomadores de decisión (públicos y privados) deberían reconocer que ciertos mecanismos burocráticos, políticos, ideológicos y, probablemente, de seguridad y militares, se han activado o se están por activar finalmente en las tensiones entre Washington y Caracas. Ello hará dificultoso para nuestros países articular una postura que combine la defensa de nuestros intereses nacionales y al mismo tiempo evite una sobreideologización (hacia un lado o el otro) de nuestras respectivas políticas exteriores y estrategias económico-comerciales. Más aun si uno recuerda que hace 15 años se nos prometio "el fin de la historia" a escala global y una Sudamérica pacífica, democrática y centrada en temas comerciales y financieros y dejando definitivamente atrás los clivajes ideológicos extremos y los dilemas de seguridad.
Las relaciones internacionales fueron, son y serán relaciones de poder. Por ende, al momento de decidir políticas públicas referidas a Venezuela se deberá tener en cuenta que las mismas serán vistas por los EE.UU. desde una perspectiva más atenta y alarmista que poco tiempo atrás. De nada servirán los datos empíricos sobre los flujos de recursos venezolanos provienen básicamente del mercado de los EE.UU., que Chávez está avanzando en negociaciones petroleras y gasiferas importantes con la Colombia de Uribe (vista como máximo aliado regional de Washington), que Caracas adquiere armas y firma acuerdos de cooperación de seguridad con el Brasil visto por algunos en el Norte como garante de la estabilidad en el área, etc.
Pocas dudas caben sobre la existencia de una escalada en las tensiones político-diplomáticas entre Caracas y Washington desde el ascenso al poder de Chávez en 1998, aun más acentuadamente luego del fracasado golpe del 2002 y todavía de manera más acentuada a partir de la consolidación del lider venezolano en el poder con sus victorias electorales en el referedum revocatorio del 2004 y en las elecciones municipales desarrolladas ese mismo año. Fue hasta ese 2004 que imperaba en Washington un precario consenso sobre la necesidad de "mirar lo que hace Chávez y no tanto lo que dice". No obstante, los últimos meses parecen mostrar de manera cada vez más nítida una escalada que ya se adentra (en especial si uno extiende la mirada al mediano plazo) al plano estratégico-militar. ¿Hay posibilidad de un conflicto armado directo entre Venezuela y los EE.UU.? Esta pregunta tenía poco tiempo atrás una respuesta mayoritaria: NO. Hoy por hoy, y más aun en los próximos 12 meses, la respuesta que obtendriamos de observadores especializados sería: no, pero...
De por si es dificil abordar esta compleja y crecientemente traumática relación entre dos rivales/enemigos económicamente interdependientes:
1) La Venezuela de Chávez abastece a los EE.UU. con el 15% de las necesidades de importaciones de petróleo.
2) En suelo estadounidense operan 14 mil estaciones de servicio/gasolineras propiedad del Estado venezolano.
3) El mercado de los EE.UU. representa más del 50% del total de las exportaciones de Venezuela (básicamente petróleo y tal vez por ello un acuerdo como el ALCA no es vital para Caracas más allá de las ideologias comprometidas).
4) Las refinerias de propiedad venezolana que operan los EE.UU. procesan el 5% del total de combustible de la superpotencia.
5) Varias de las principales empresas petroleras de los EE.UU. operan en yacimientos y nuevas exploraciones en tierra y mar venezolanos, en muchos casos asociadas a la estatal PDVSA.
Todo esto no es un impedimento insalvable para detectar un creciente y acelerado debate sobre el choque (indirecto o directo) entre las estructuras y políticas de seguridad y Defensa de Washington y Caracas. Un claro y significativo ejemplo en este sentido es la publicación en octubre del 2005 de un artículo titulado "Venezuela´s Hugo Chávez, Bolivarian Socialism and Asymmetric Warfare". Este título revelador lo es aun más si le agrega a ello el hecho que su autor es el reconocido e influyente especialista en temas de seguridad hemisférica Max G. Manwaring y que fue publicado por el "Strategic Studies Institute" del Ejército de los EE.UU. Un recorrido por los lineamientos fundamentales de esta publicación nos mostraría definiciones que pronostican y al mismo tiempo buscan cursos de acción y estrategias concretas frente un avance traumático de las tensiones entre los EE.UU. y el país Caribeño:
1) Chávez tiene todas las características de un caudillo militar de la tradición latinoamericana, pero también es más que una mera reedición de lógicas y objetivos del pasado.
2) Chávez es un factor desestabilizador a escala regional y más y más se erige como una amenaza a los intereses de los EE.UU.
3) Chávez tiene una visión sofisticada y holística del conflicto asimétrico que lo enfrenta con los EE.UU. En este sentido, entiende perfectamente la necesidad de mostrarse como poseedor de lo "moralmente correcto", de hacer un uso amplio y sofisticado de los medios de comunicación, de preparar las fuerzas militares y de seguridad (y aun a la sociedad) para un conflicto asimétrico con Washington y sus aliados regionales e internos, el potenciar llegado el caso la inestabilidad y crisis ya preexistentes en países claves como Bolivia y Ecuador, etc. En otras palabras, Manwaring habla de un intento serio y articulado de una "super insurgencia" contra la influencia de los EE.UU.
4) El respaldo de Caracas a las movilizaciones populares, organizaciones sociales y a sectores políticos y militares contrarios a la hegemonía de los EE.UU.
5) El modelo chavista como puerta de ingreso de los militares a lugares de poder político y económico, tanto en Venezuela como en otros países de la región.
6) El sintonizar con la insatisfacción popular por la pobreza, desempleo y ajustes.
7) El rol central del uso articulado de la palabra, las ideas y las imágenes.
8) La posibilidad cierta que frente a una escalada con Washington, Caracas decida efectivizar una colaboración a gran escala con grupos armados y radicales que actúan en la región.
9) El aprovechar los escenarios de desintegración y crisis que provocan la globalización, el debilitamiento de los Estados, el narcotráfico, las mafias, la corrupción y el terrorismo.
10) Ver con ojos favorables la aparición de ciertos casos de Estados fracasados como forma de poner en crisis el control de los EE.UU. en la zona.
Frente a estos y otros factores, Manwaring convoca a no ridiculizar el fenómeno de Chávez y el chavismo, recomienda a Washington impulsar estrategias que tiendan a facilitar la lucha contra la corrupción, las debilidades institucionales y la pobreza en los países del área y de esa forma facilitar el desarrollo económico, social y político de los mismos. También convoca a actuar preventivamente frente a potenciales casos de países que se perfilan hacia situaciones de colapso, mejorar la capacidad de respuesta de instituciones como la OEA y otras instituciones internacionales así como incrementar y mejorar los niveles de coordinación y cooperación interagencias (ligadas a la seguridad, defensa, economía, etc.) tanto dentro de los EE.UU. como de la superpotencia con sus aliados regionales. Todo ello, tendiente a articular una estrategia integral y de largo alcance a la amenaza multidimensional del chavismo.
Cabría recordar que en noviembre del presente año el influyente "The Washington Post" afirmaba que entre los planes de contingencia militar que tendrían el Pentágono, por el momento no parece figurar Venezuela. En cambio, si se destacan los casos de China, Corea del Norte, Rusia, Irán, Siria y Cuba. No obstante, el hecho que en los últimos años los tiempos requeridos para un plan de acción se redujeran de 12/22 meses a 4/6 meses, haría factible contar con planificaciones sobre el caso de Venezuela en plazos breves. A su vez, agrega, la creciente escalada entre Washington y Caracas haría altamente probable un paso en ese sentido .
Nuestros gobiernos y tomadores de decisión (públicos y privados) deberían reconocer que ciertos mecanismos burocráticos, políticos, ideológicos y, probablemente, de seguridad y militares, se han activado o se están por activar finalmente en las tensiones entre Washington y Caracas. Ello hará dificultoso para nuestros países articular una postura que combine la defensa de nuestros intereses nacionales y al mismo tiempo evite una sobreideologización (hacia un lado o el otro) de nuestras respectivas políticas exteriores y estrategias económico-comerciales. Más aun si uno recuerda que hace 15 años se nos prometio "el fin de la historia" a escala global y una Sudamérica pacífica, democrática y centrada en temas comerciales y financieros y dejando definitivamente atrás los clivajes ideológicos extremos y los dilemas de seguridad.
Las relaciones internacionales fueron, son y serán relaciones de poder. Por ende, al momento de decidir políticas públicas referidas a Venezuela se deberá tener en cuenta que las mismas serán vistas por los EE.UU. desde una perspectiva más atenta y alarmista que poco tiempo atrás. De nada servirán los datos empíricos sobre los flujos de recursos venezolanos provienen básicamente del mercado de los EE.UU., que Chávez está avanzando en negociaciones petroleras y gasiferas importantes con la Colombia de Uribe (vista como máximo aliado regional de Washington), que Caracas adquiere armas y firma acuerdos de cooperación de seguridad con el Brasil visto por algunos en el Norte como garante de la estabilidad en el área, etc.
