Artículos

07.11.05

Un viaje al pasado en el Arca de Noé

Por Sylvina Walger

"El populismo es un peligro porque desgraciadamente los latinoamericanos tienen tendencia a echarle la culpa de todos sus males al imperialismo del momento. Esto es verdadero sólo en parte, puesto que hasta ahora los latinoamericanos no han podido, no han sabido o no han querido elaborar un proyecto de integración y crecimiento alejado del populismo". La frase que hoy encabeza esta columna no pertenece a López Murphy, sino al presidente socialista uruguayo Tabaré Vázquez, durante una entrevista con el diario Le Monde el pasado 24 de octubre.

Foro Sociales Mundiales y Contracumbres no han escaseado en estos últimos años y, salvo las barras bravas canadienses de la antiglobalización, en general han transcurrido en relativa calma. El último fue en enero del año pasado en Bombay, uno de los lugares del planeta cuya pobreza lastima la vista. Cien mil personas, que se explayaron a gusto contra todos los imperialismos, participaron en el evento que incluyó una lastimosa manifestación de delits (los pertenecientes a la casta de los intocables) y, pese a que allí no se conocen las planes Jefes y Jefas, el acontecimiento no se destacó por la violencia.

No han pasado 48 horas del amontonamiento circense que se produjo hacia la medianoche del viernes en Constitución para despedir al "Tren del alba", que al mando de Diego Armando Maradona, rodeado por egregios y comprometidos líderes, se dirigía "pacíficamente" (según se cansó de repetir el astro) a repudiar la llegada de Bush, "basura asesina" según el fluido hablar de nuestro número 10.

El expreso, una formación de cuatro vagones del viejo marplatense al que se le agregó un vagón para que las estrellas del antibushismo pudieran viajar cómodas, y no como lo hacen habitualmente los sufridos pasajeros de la ex línea Roca, a medida que atravesaba pueblos era saludado por gente que enarbolaba banderas argentinas.

En Constitución, en los momentos previos a la partida no quedaba claro si aquello era un festejo macrista o el comienzo de la larga marcha de Mao en versión Cono Sur. Allí lo único que sonaba era la batucada de Boca entonada por una especie de coro que repetía incesante "ma-radooooo", mientras revoleaba sombrillas con los colores del club.

Adentro, una vez en el Vip, el serbio Emir Kusturica y el argentino Tristán Bauer sentaron a Maradona en el sillón del fondo sobre una bandera argentina y se dedicaron a lo suyo, filmar. Maradona resultó ser hombre de pocas palabras y de intereses limitados. Una vez cumplida su tarea artística se dirigió al último vagón sin interesarse con ninguno de los famosos comprometidos que lo acompañaban (vale la pena acotar que el francés Manu Chao se negó a viajar porque consideró que él venía a repudiar a Bush y no a participar en un acto pro Chávez). Cuentan que Evo Morales no mereció siquiera una mirada del ídolo que finalmente recaló al fondo con un grupo "de culatas de cuarta, a charlar y decir estupideces", según un testigo presencial.

Pronto comenzaron a llegar las órdenes del 10, "Maradona no quiere que se paren", "no quiere que caminen" y así sucesivamente. Las cosas llegaron a un punto en que un viejo izquierdista se dirigió a un veterano sindicalista de la UOM con años de cárcel y le dijo: "Che, loco, una cosa era pelear contra Lorenzo Miguel y la burocracia sindical y otra aceptar lo que te diga Maradona que no tiene nada en la cabeza".

En cambio el que desparramó sonrisas y optimismo fue el diputado Bonasso, cuyo brote de catalepsia política parece no tener fin. "Esto me hace acordar a lo que hacíamos hace 30 años, cuando juntábamos ídolos populares y dirigentes políticos" (¿acaso Menem hizo otra cosa?).

Lo demás es conocido, dos horas de alegato de un matón venezolano sentado sobre un yacimiento petrolífero y las delicias de destrozar una ciudad mal llamada "la Feliz".