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17.03.03

LO QUE CHILE DEBE APRENDER DE IRLANDA

Irlanda se ha convertido en una economía estrella por su extraordinaria performance y su proceso exitoso de incorporación e integración a la Unión Europea, lo cual fue logrado con gran cohesión y esfuerzo social de los sectores públicos y privados.
Por Francisco Garcés
Irlanda se ha convertido en una economía estrella por su extraordinaria performance y su proceso exitoso de incorporación e integración a la Unión Europea, lo cual fue logrado con gran cohesión y esfuerzo social de los sectores públicos y privados. Sus autoridades políticas tuvieron una clara visión de la evolución de la economía europea y global, diseñaron una estrategia válida que se reflejó en buenas políticas económicas y en una implementación efectiva tanto de esas políticas como de un cambio estructural e institucional notables. La baja de la carga tributaria, la flexibilidad laboral, la reducción del tamaño del Estado a través de privatizaciones y reducción de gasto publico, así como la estabilidad monetaria que terminó con la adopción del Euro han sido esenciales, para crear un marco de eficiencia que facilitó una integración muy exitosa a Europa. A lo anterior se agregan las políticas pro-negocios de las autoridades económicas, los espacios que se abrieron al sector privado y a la inversión extranjera y la permanente vigilancia de la competitividad económica apoyada con una implementación rápida y oportuna. Las autoridades económicas y políticas de Chile en el umbral de la puesta en marcha de importantes tratados de libre comercio (TLC) deben mirar con atención la experiencia irlandesa verdaderamente exitosa si se quiere obtener provecho efectivo de las nuevas oportunidades de integración con Estados Unidos y Europa. Nuestra trayectoria a partir de 1997 difiere profunda-mente de la de Irlanda así como también la ambigüedad de nuestras políticas publicas, las cuales si no se rectifican incorporándose elementos pro-crecimiento y de mayor disciplina macroeconómica pondrán en peligro nuestra integración exitosa, con Europa y Estados Unidos, pudiéndose por el contrario generar un alto costo social. A juicio del directorio ejecutivo del Fondo Monetario Internacional, la performance de la economía irlandesa ha sido sobresaliente. En efecto, Irlanda se ha caracterizado por una brusca aceleración de su expansión económica estos últimos años y por registrar índices de crecimiento particularmente elevados para la zona Euro. Se calcula que el promedio de crecimiento bordeó el 7% en la década de los 90. Estos índices fueron sustentados por: una demanda ex-terna elevada, una oferta laboral joven y educada, el aumento de la participación femenina en el mercado laboral, la integración a la Unión Europea, y por ende, a la zona Euro, un régimen fiscal favorable a las inversiones extranjeras y una favorable flexibilidad laboral. En suma un poco de suerte y mucho de buenas y oportunas políticas públicas. Como consecuencia de lo anterior el ingreso per cápita en Irlanda superó al europeo y al Reino Unido entre 1998 y 2000. Actualmente, el ingreso per cápita de Irlanda es seis veces aproximadamente el de Chile, es decir, US$ 32.000. Sin embargo, y reflejo de una lenta recuperación económica mundial, el PIB creció en alrededor de 4,5% durante 2002, cifra menor a lo habitual, aunque elevada para los parámetros latinoamericanos y a su vez alta respecto a la economía global, que llegó a 1,7%. La economía latinoamericana tuvo un crecimiento negativo de -0,8% y Chile se expandió en 1,9% ese año. Esta disminución del crecimiento confirma la tendencia que registra Irlanda desde media-dos de 2001 y que responde principalmente a la integración cada vez mayor que experimenta con la economía global, la que se encuentra en una fase del ciclo de baja expansión. De hecho, este país que sustentó su crecimiento en base a la inversión en tecnología y comunicaciones, ha tenido que lidiar con la incertidumbre política mundial y el aumento del precio del petróleo, así como soportar el deterioro de la confianza de los consumidores y de los inversionistas, que afecta la capacidad de producción en los sectores de alta tecnología. Por otro lado, las exportaciones irlandesas se han vistos afectadas por un deterioro de la competitividad, fruto del aumento de los salarios y precios por una parte, y también consecuencia de la apreciación del Euro con respecto al dólar y a la libra esterlina, por otra. En efecto, si bien el sector exportador registró un aumento de 4,6% en 2002, cabe destacar que éste se concentró principalmente en aquellos ámbitos relacionados con la industria química. Por otro lado, cabe recordar que Irlanda es más sensible a la apreciación del Euro respecto a la libra, más que con el dólar, esto ya que Inglaterra constituye su primer mercado de exportación (alrededor de 22% de las exportaciones se destinan al Reino Unido). En cuanto al consumo individual, se calcula que este aumentó en 2,7% el año pasado, cifra bastante menor a la registrada en 2001 (5,3%). Esto responde a un sentimiento pesimista por parte del consumidor, producido por la pérdida de empleos generalizada en el país, por un lado, y por la baja del ingreso disponible, por otro. Por su parte, el empleo registró una leve alza cercana al punto porcentual en 2002, de modo que el nivel de desempleo alcanzó los 4,5%, cifra única en la zona Euro aunque mayor a la de 2002 (3,9%). Con respecto a la inversión en construcción, cabe destacar que ésta sigue en expansión, tal como lo sugiere el Programa para el Desarrollo Nacional, implementado en Irlanda desde mediados de los ochentas. Sin embargo, las importaciones en bienes de capitales (que representan las inversiones en maquinaria) han disminuido producto de la incertidumbre económica mundial. La inflación durante 2002 aumentó elevándose a 4,7% anual. Este fenómeno responde al alza del precio del petróleo fruto de la incertidumbre política global por una parte, y al aumento de los impuestos indirectos, por otra. Cabe destacar que Irlanda registró el índice de inflación más elevado de la zona Euro, la que se mantuvo, en promedio, cercana al 2,4% en 2002. Para 2003-2005, en tanto, se prevé que el crecimiento disminuya para alcanzar un nivel de 4,2% promedio anual, lo que se compara con un promedio de 6,7% en el período 2000-2002. El empleo, por otra parte, crecerá, en promedio, un punto porcentual. Nuevamente, éste índice es elevado respecto de la región, aunque menor si se lo compara al aumento que registró el empleo estos tres últimos años (aumento que promedió 2,9%). Sin embargo, el Ministerio de Finanzas de Irlanda prevé que el desempleo alcance el 5% en 2003, para luego disminuir en 2005, es decir cuando la actividad económica mundial proyecte mejores signos de revitalización. Por último, se espera que la inflación se estabilice alrededor de 4,8% durante 2003, para luego disminuir a 2,5% en 2005.
Desde su ingreso a la Comunidad Económica Europea, Irlanda determina, cada año, las políticas a seguir con el objeto de cumplir con los objetivos impuestos por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Comunidad Económica Europea (de equilibrio fiscal). En ese sentido, el presupuesto acordado para el período 2003-2005 contempla un déficit de 0,7% del PIB para 2003 y de 1,2% para 2004 y 2005. En cuanto al cuociente deuda/PIB, éste se mantendrá por debajo de 35%, cifra sustancialmente menor al promedio que registra la Unión Europea (62%). Cabe recordar que en 2002 hubo equilibrio en las finanzas del gobierno general y los años anteriores superávit anuales efectivos entre 2% y 4% del PIB. Entonces es un hecho que, a pesar del ambiente económico mundial desfavorable, Irlanda logra registrar índices económicos positivos y aceptables. Este fenómeno tiene varias explicaciones entre las cuales destacan: 1) unas exportaciones sanas, 2) políticas macroeconómicas adecuadas y 3) una favorable flexibilidad laboral. En síntesis, buenas políticas económicas, cambio estructural y fortalecimiento institucional. En efecto, en materia comercial destaca el aumento del consumo británico, que representa, como fue dicho anteriormente, el primer destino de las exportaciones. Por otra parte, el sector químico continuó creciendo, sustentando, de ese modo, el crecimiento de las exportaciones. La productividad aumentó generando, hasta mediados de 2001, ventajas en términos de competitividad (la productividad aumentó en 27% entre 1996 y 2001). La flexibilidad laboral, por su parte, permitió absorber los shocks externos de modo a con-tener el alza del desempleo. Cabe reiterar que Irlanda conoció tasas de crecimiento particularmente altas en la década de los noventa. Este auge respondió, en gran parte, a las reformas estructurales que este país desarrolló desde mediados de los años ochentas. En efecto, en un lapso de diez años, Irlanda pasó de ser un país con un alto nivel de des-empleo (18%) a una situación de casi pleno-empleo. Asimismo, el cuociente deuda/PIB paso de 120%, a mediados de los ochentas, a 35% el año pasado. Esto se debió, entre otros, a: 1) la bien concebida y ejecutada integración a la Unión Europea, con políticas macroeconómicas y de competitividad efectivas, 2) el alto grado de inversión que caracterizó el país en la década de los 90, en parte estimulado por la baja de impuesto y del tamaño del Estado y 3) el pacto social que supieron establecer las autoridades irlandesas de modo a garantizar una estabilidad macroeconómica. Los efectos de la entrada a la Unión Europea (en ese entonces, Comunidad Económica Europea, 1973) fueron variados y extensos. En materia de comercio destaca la libre circulación de bienes, personas y servicios que generaron un aumento de las exportaciones cercano al 100%, entre 1973 y 1991.

Manufactura y servicios

Al mismo tiempo, Irlanda dejó de exportar únicamente materias primas, para focalizarse, cada vez más, en productos manufactureros y servicios. De ese modo, la participación del sector agrícola en las exportaciones pasó de 37%, en 1980, a 6% en 2000. Mientras que la participación del sector industrial pasó de 59%, en 1980, a 92% en 2000. Cabe destacar, por lo demás, que los socios comerciales de la economía irlandesa se ampliaron, disminuyendo de paso, la dependencia con el Reino Unido. En efecto, 22% de las exportaciones se destinaron al Reino Unido en 2000, contra 43% en 1980. En materia agrícola, Irlanda se vio beneficiada por los traspasos de fondos provenientes de la Política Agrícola Común (PAC), que representaban entre un 2% y 6% del PIB anual a fina-les de los años ochenta. El país también recibió recursos por parte del Fondo del Desarrollo Regional Europeo, destinado a apoyar el desarrollo de aquellas regiones pobres y del Fondo Europeo Social. Todo esto sugiere que la integración a la Unión Europea dio inicio a una estabilidad macroeconómica sustentada, en parte, en el apoyo recibido en materia agrícola y en las reformas fiscales y políticas públicas que Irlanda debió ejecutar con el objeto de satisfacer los criterios de Maastricht e integrar la zona Euro, como por ejemplo un cuociente deuda/PIB inferior al 62%. Todo esto culminó con la abolición de la libra irlandesa y la adopción del Euro, que es una moneda superior y da total apertura financiera. A medida que el país se estabilizó, apareció la necesidad de fomentar el crecimiento y el empleo mediante las inversiones extranjeras y exportaciones, puesto que la deuda externa alcanzaba, en 1987, los 120% del PIB. Por lo demás, el país no estaba en condiciones de competir a nivel internacional ya que no contaba con la infraestructura ni con las políticas necesarias para ello. En ese contexto, las Autoridades para el Desarrollo Industrial (IDA) intentaron atraer aquellas empresas dinámicas estadounidenses, mediante un aumento de la promoción y cons-trucción de sitios propicios a acoger las empresas de la nueva economía. Para ello se invirtió en telecomunicaciones, logística y educación. A modo de ejemplo cabe señalar que los gastos del IDA, por concepto de construcción y promoción, se elevaron a US$ 689,5 millones, en 1980, cifra muy por encima de la de 2001 (US$ 146,5 millones).
Irlanda hizo uso de la ventaja de gozar de una población educada, de habla inglesa, con miras hacia Europa. De ese modo, se empezó a desarrollar, a fines de los años ochenta, un sistema de producción semejante al japonés, vale decir, flexible con alta división del trabajo.
El gobierno, por su parte, desarrolló una reforma fiscal reduciendo fuertemente los impuestos y llevando la tasa de impuesto a las empresas a 10%. La relación de carga tributaria al PIB bajó de 46% a 34%.
Todas estas reformas permitieron que Irlanda captara las empresas de la nueva economía (Intel o Microsoft) y aquellas del sector farmacéutico, que se caracterizan por tener eleva-dos costos fijos de desarrollo pero bajos costos de unidad de producción, de modo que generan altas utilidades.
Por otra parte, y a mediados de los años ochenta (1987), se firmo el Programa para el Desarrollo Nacional (PDN). Este acuerdo reunió empresarios, sindicatos, agricultores y Gobierno con el objeto de sentar las bases del crecimiento irlandés. En él se acordó una moderación del aumento salarial, por tres años, a cambio de una reducción del impuesto a la renta por parte del gobierno. Esto generó un aumento de la productividad, y de la competitividad, luego que disminuyera el costo de la unidad salarial. Cabe recordar, como se ha señalado con anterioridad, que la productividad aumentó en 27% entre 1996 y 2001, siendo está, la variación mas elevada en Europa.
Por otro lado, destaca el alto consenso que despertó este acuerdo, puesto que gobierno y oposición negociaron con ese propósito, aceptando inclusive los costos de las reformas. Por otro lado, los sindicatos, que históricamente lucharon contra el empresariado, se sentaron a dialogar después de pasar el critico momento por el cual pasaba la economía irlandesa.
En materia fiscal, el gobierno redujo severamente el gasto público, posponiendo inversiones en materia de infraestructura, reclutaje en el sector público y otros. Sin embargo se establecieron amnistías fiscales (1988) de modo a aumentar el ingreso de los consumidores. De ese modo, se paso de un déficit presupuestario de 7,9%, en 1986, a 0,6% en 1990.
Por otro lado, el gobierno facilitó la llegada de inversionistas disminuyendo las regulaciones y la burocracia, y fomentando las privatizaciones.
En el ámbito político, el partido político de centro derecha del primer ministro irlandés, Bertie Ahern (Fianna Fail), fue reelegido obteniendo 41,5% de los votos en las recientes elecciones parlamentarias de mayo de 2002. Esto le permitirá gobernar, por un segundo período, junto al partido Demócrata Progresista, de corte liberal, con el cual forman una coalición.
Este triunfo se atribuye al éxito del gobierno en materias como: 1) la mejora del sistema de salud, 2) alza de las pensiones y 3) los acuerdos de paz con Irlanda del Norte. A modo de ejemplo, cabe destacar que el partido nacional de derecha tuvo el mérito de promover, en 1998, el acuerdo de paz con Irlanda del Norte, por una parte, y de establecer un marco regulatorio propicio para mantener las altas tazas de crecimiento que registró Irlanda, por otra.
En efecto, el Ejecutivo ha iniciado una nueva reforma fiscal con el objeto de incentivar la creación de empresas. En particular se pretende aumentar la fuerza laboral liberando los bajos ingresos de impuestos. De este modo, la fuerza laboral femenina ha aumentado en 6% estos últimos cinco años
Las últimas elecciones revelaron, también, el auge del partido por la independencia Sinn Fein, que obtuvo 6% de los votos en comparación al 2% obtenido en 1997. El ala política del IRA aumentó su representación obteniendo cuatro sillones más en el Parlamento y transformándose, de ese modo, en el primer partido político con doble representación, vale decir en Irlanda del Norte y en la República de Irlanda.
Por último, el partido demócrata cristiano (Fine Gael) fue el gran perdedor de estas elecciones, cediendo 23 sillones en el parlamento, con respecto a las elecciones de 1997.

Francisco Garcés es Director del Centro de Economía Internacional del Instituto Libertad y Desarrollo www.lyd.com